18/05/2018

La tempestad que estalla en medio de la calma
Mikel INSAUSTI
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Una de las razones por las que el cine rumano actual triunfa en los festivales internacionales es porque sus temáticas, sin dejar de ser locales, alcanzan una significación universal. Constantin Popescu, que no por casualidad había participado en sus inicios en el filme colectivo “Historias de la edad de oro” (2009) junto al mismísimo Cristian Mungiu, exhibe ya en su tercer largometraje una maestría narrativa que le permite describir la fragilidad del hombre de nuestros días con una clarividencia portentosa. Vivimos en una sociedad que ofrece al ciudadano una aparente seguridad, pero eso se puede venir abajo en apenas unos instantes, y basta un simple hecho fortuito e inesperado para desestabilizarnos por completo.

La descripción de lo que le sucede a un tipo común como Tudor Ionescu, en una caracterización que le valió al actor Bogdan Dumitrache la Concha de Plata en Donostia, es realista al detalle. El único posible simbolismo lo encontramos en el título, referido a un fenómeno atmosférico tropical llamativo por el estruendo que se produce cuando las aguas de los ríos del Amazonas chocan con las del mar. Aquí la tormenta sobreviene al final, como fruto de la tensa y desesperada calma que el protagonista ha de soportar.

El calvario del señor Ionescu empieza una tranquila mañana de domingo cuando va a pasear al parque con su hijo Ilie y su hija María de cinco años. Bastará un mínimo descuido al hablar por el móvil o ir a comprar un café para que pierda de vista a la pequeña, que ha desaparecido sin remedio. La situación se desarrolla en el interior de un largo plano-secuencia que dura veinte minutos sin cortes, con escenas cotidianas e intrascendentes superpuestas. Una apertura que marca a fuego el resto del relato, culminado con otro plano-secuencia en el que estalla la violencia contenida, y que dura algo menos, aproximadamente unos diez minutos.