11/07/2018

Raimundo Fitero
Estafas

Agarro un tramo de un programa matinal en donde el tema es la estafa sufrida por unos cientos, quizás miles, de ciudadanos en una cadena de clínicas dentales. Trabajos sin acabar, otros de baja calidad, créditos pedidos a través de la propia clínica con bancos y prestamistas, peligros de contaminación ya que aseguran que no había la limpieza profiláctica adecuada. Miro y remiro, vuelvo a mirar y me parece que es un reportaje que ya he visto. Con otros ciudadanos, con otras marcas de franquicias, pero con los mismos resultados. Los representantes de una asociación de defensa de los consumidores junto a una abogada en nómina del programa televisivo explican lo que se puede hacer. Lo resumo en traducción libre: perder el tiempo y más dinero. Parece que existe un margen para las estafas muy amplio y cuando se indica que se puede ir por la vía penal o civil, entonces es mejor rezar. Las estafas anulan el calor, la fiebre, las barbaridades jurídicas, los paseos monclovitas de Presidente y President y hasta los sofocos que producen esos encierros tan sosos que parecen pregrabados. ¡Qué aburrimiento! ¿Son toros o son drones teledirigidos? Por cierto, noticia desde el centro del universo: Iruñea. Han decomisado el mayor alijo de productos falsificados. Esa estafa de la que somos cómplices voluntarios. Los manteros en precariedad absoluta. Un problema. En cambio, no veo que se le dé la importancia que tiene el descubrimiento de diez mil jamones en mal estado. Parece existir un tráfico de jamones y embutidos pasados de fecha, congelados y con etiquetas falsas. Una estafa que puede poner nuestra salud en peligro. Y nuestra ilusión. Si no podemos confiar ya ni en los jamones, esto se pone muy feo. Una cadena supermercados retiró todos los que tenía de una marca concreta hace unas semanas, por un aviso similar.