13/07/2018

Raimundo Fitero
Empanada

Me da la risa. Pero se me corta con las imágenes de los hijos del patriarcado de La Manada. Hacen cada lunes, miércoles y viernes un paseíllo de soberbia y galantería. Van con sus mejores ropas, sus kilos de gomina, sus barbas y bigotillos sospechosos bien arreglados. Diría que les gusta salir por la tele. Además, el militar y el picoleto cobran del Estado. No tienen destino, pero cobran. Y están condenados a nueve años. Por eso lo de mi empanada mental. Por eso el de mi risa congelada.

Lo de la risa es porque ahora todos se rasgan las vestiduras sobre los tejemanejes corruptos del suegro de Urdangarin. Se sabe, se sabía, está contado una y decenas de veces.

Empezó todo en Venezuela, donde tanto él como Felipe González hicieron unos apaños y tuvieron su recompensa. Lo del petróleo saudí es obvio, está documentado. La comisión del AVE a la Meca es una adenda del contrato. Lo de la amiga Corinna suena a montaje, a chantaje, a guerra de las cloacas que es donde mejor viven estos Borbones. Y nadie va a demostrar que el cuñado de Urdangarin, que se cree rey, no esté también y en primera persona, en la pomada de las comisiones. Bueno, tenemos tema. El reino de España se tambalea.

La risa final viene de Alemania, donde un tribunal concede la extradición de Puigdemont, pero solo por malversación. Ja, ja, ja. El juez Llanera corriendo a hacer su trabajo prevaricador y secuestra los derechos políticos a los encausados y ahora se encuentra con el pastel. ¿Qué van a hacer? ¿En qué quedará toda esta farsa? ¿El Jefe es un poco malversador y sus subordinados golpistas sediciosos? ¡Anda ya! Esto se está poniendo interesante. La empanada de la injusticia española es de libro. De risa, pero forma parte de la tragedia esperpéntica de un Estado en descomposición democrática.