14/07/2018

Raimundo Fitero
Astracanada

Le demos las vueltas que queramos, vivimos en una paradoja circular que nos deja jugando a las cuatro esquinas con conceptos que se hacen líquidos o gaseosos dependiendo de la hora del anticiclón. ¿Es posible abstraerse de lo consuetudinario a partir de las programaciones televisivas? Depende de los genes políticos que cada cual lleve en sus plaquetas. El cruce entre Corinna y Llarena nos da un híbrido que aparentemente tiene rasgos republicanos pero, sospechamos, es el resultado de un compendio de totalitarismos integrados en un laboratorio subterráneo donde se elaboran los disparates más carpetovetónicos que van fraguando una idea del mundo y la democracia que huele a ajo y sangría de vino peleón.

Si te pones a descifrar los mensajes, acabas viendo una película de Landa, una de turistas suecas y españolito salido. En su versión más frecuentada, se llama astracanada, y podemos entender que el emérito suegro de Urdangarin persigue señoritas en biquini y comisiones con turbante. Mientras el juez Llanera, de fracaso en fracaso, de alucinación verbenera en congestión por excesos de colesterol predemocráticos, va y renuncia, otra vez, a la orden europea que cursó. El ridículo está servido. Y esta vez no lo soluciona ni Florentino Pérez. Ya tiene bastante con su fichaje de Lopetegi y el desfichaje de Cristiano Ronaldo.

Nos queda la lucha entre Soraya y el timador no masterizado Casado, que para demostrar que no cursó Derecho como se sospecha, propone que para acabar con lo del tribunal alemán, se suspenda Schengen. Este es el renovador del franquismo que nos viene. Es obvio que no son conscientes de lo cavernícolas que se muestran y la imagen que trasladan de impostores a lo Albert Rivera. No encuentro nada que tenga más ingredientes para el entretenimiento y el descorche.