12/10/2018

Raimundo Fitero
Sicarios

Sicario rima con relicario. Y el Papa Francisco, tan progre como nos lo han vendido, se ha retratado de una manera rotunda al decir que el aborto es como contratar a un sicario para resolver un problema. Ha ido diciendo últimamente muchas otras bajezas intelectuales como poner al diablo en las excusas de sus curas pederastas y criminales. No se podía esperar menos del jefe de un tinglado de tantos años de poder y complicidades con todos los momentos más ruines de la historia. Ahora veremos al que llevaban bajo palio enterrado en la Almudena. Muy cerquita del apartamento lujoso de Rouco Varela.

Los torturadores, por definición, ¿no son los sicarios de los gobiernos, estados, repúblicas o reinos? Viene esto a cuento porque andan enredando con Antonio González Pacheco, Billy el Niño, aquel joven policía de pelo rizado que tanto torturó, un hombre de estado, al que premiaron de manera ostensible los gobiernos, al fin y al cabo, había sido su fiel sicario. Vuelve a ser noticia porque un comisario de apellido ilustre le invitó a una recepción en una comisaría madrileña el día de los Santos Custodios, patrón de la policía. Y se han visto fotos del ahora calvo, con un vino, español, por supuesto, en la mano, frente a una mesa repleta de embutidos de primera calidad, junto a sus compañeros policías. 

¿A quién le extraña? Los de Podemos y algunos tertulianos se ponen campanudos, porque dicen que eso es una burla y una vergüenza. Ojo: nadie se acuerda de las torturas sistemáticas de las últimas décadas. Y con medallas y ascensos. Piden al ministro con perrita que le quite las medallas y pagas. Pero es uno de los jueces denunciado y señalado por el Tribunal europeo de los Derechos Humanos por consentir la tortura. No insistan, que a lo mejor le da otra medalla. Y hasta lo puede bendecir el Papa si se tercia.