09/11/2018

Raimundo Fitero
Partido

Las mafias políticas con perfume de marca, especialmente aquellas que se cubren las vergüenzas con la bandera rojigualda y el patrioterismo, resulta que cuando son pilladas con el carrito de la corrupción dimiten de sus cargos por «el bien de mi partido». Y se quedan tan anchas. No importa que lo revelado por las conversaciones con uno de mis personajes de ficción preferidos: el comisario Villarejo, demostrase que estaba pidiéndole y pagándole los servicios para destruir pruebas incriminatorias de la corrupción de su partido, el que está en sentencia señalado como banda, lo que significa atacar directamente a los principios democráticos y, probablemente cometiendo delitos encadenados.

Ella, la señora del diferido, deja sus cargos y su escaño, para proteger a su partido. O sea, confunde partido con patria, su designio mafioso con un servicio en diferido a la ciudadanía a través del robo, saqueo y manipulación que sirve para que ellos, tengan unas remuneraciones excesivas en sobres de dinero negro. Se está creando un discurso demoledor de cualquier idea democrática del ejercicio profesional de la política partidista. Todo por mi partido, que es el que me ha dado la oportunidad de hacer todas estas malversaciones de ética, prestigio y sentido democrático. Seguro que tiene a los jueces y fiscales de cortafuego y declararán que han prescrito los delitos, pero Dolores de Cospedal y esposo, junto al comisario de vocación archivador aparecen en las grabaciones como delincuentes. Y no tiene el paraguas del afor(r)amiento.

Mientras tanto, un visionario, Bill Gates presenta en China un lavabo, un váter, un inodoro que no necesita ni agua, y convierte las heces en fertilizante. Hay que estudiar esta innovación futurista y ver cómo aplicarla para el Tribunal Supremo y las cloacas de superficie de la política monárquica española.