05/12/2018

Raimundo Fitero
Negacionista

La campaña de limpieza ideológica continúa, y la prensa más ultra, los fundamentalistas del latrocinio aznaristas, los tontos útiles y algún desamparado de la diosa inteligencia han decidido negar la mayor: Vox no es la extrema derecha. Vox es constitucionalista. Vox recibe el apoyo del KKK, porque los racistas yanquis son unos demócratas de toda la vida, como bien se sabe. Ya no se trata de analizar las consecuencias de un resultado electoral, sino de contaminar todos los resultados y la vida política de los próximos meses, convirtiendo a Vox y a su líder con pistola sobaquera en un mirlo blanco, en una opción democrática y social que, además, viene a rescatar el auténtico espíritu de la españolidad. 

Y siguen poniendo a Catalunya en la vanguardia de su negacionismo. Unos para seguir con su mensajería franquista e imperialista trasnocha, pero convertida ya en mercancía política de primer orden, y otra, Susana la obcecada, para confesar que se equivocó por no hablar más de Catalunya, es decir que le da la razón a los ultras, lo que viene a corroborar que el problema de Andalucía no es solamente la aparición de unas siglas ultras, sino que existe en el sustrato general una vergüenza inconfesable de su odio a esa tierra donde muchos andaluces a lo largo de décadas encontraron amparo, trabajo, y futuro, que ha encontrado una expresión en las urnas. ¿Por qué les importa tanto Catalunya? ¿Por qué se utiliza el independentismo como espantajo para cualquier reflexión política autocrítica?

Miren, la otra noche en esa basurilla con tanta audiencia llamada “First Dates”, un individuo confesaba a su posible ligue, que el independentismo había sido la causa de su divorcio. ¿Avanzamos o retrocedemos?  ¿Hay más de cuatrocientos mil fachas en Andalucía? Un facha, es un facha con gomina o máster. Negarlo es delito democrático.