06/12/2018

Raimundo Fitero
Esquinas

Ha muerto Josep Lluís Núñez, nacido José Luis, ciudadano baracaldés que un día fue a trabajar como aparejador a una constructora catalana y se casó con la hija del dueño. Allí nació una de las marcas más depredadoras del patrimonio urbanístico barcelonés. Núñez y Navarro se hizo dueño de la inmensa mayoría de las esquinas, de los chaflanes del ensanche de Barcelona y fue construyendo un tipo estándar de piso que satisfizo a varias generaciones de votantes de los partidos hegemónicos de los años 70, 80 y 90. Su ascensión social le llevó a ser el presidente del FC Barcelona que más años se mantuvo en el cargo, y acabó junto a uno de sus hijos en la cárcel porque las esquinas daban mucho como corromper al más pintado y hasta para ser contribuyente neto de la banda de Aznar. Ahora ha muerto octogenario, y se le hacen honores, cuatro días de luto en el equipo, ceremonia funeral con obispos, elites y castas varias de la economía y la política que nos proporciona una foto que empalma directamente con la situación política andaluza.

Porque en los recuentos de votos, se están buscando muchos pies a este gato negro, tan propenso al fascismo más puro. Y ya se dice sin tapujos que Vox está muy bien situado en cuarteles y comisarías. Que tenía al mismo asesor que Trump. Que ha utilizado mucho dinero para que el Big Data se pusiera a su servicio en las redes sociales.

Es decir, no es nada espontáneo, es una violenta realidad que nos deja como para mirar en las esquinas con precaución no sea que aparezcan las manadas, con soldados y policías, para agredir sexualmente o para pegar una paliza en nombre de su testosterona española.

Quizás sea bueno no comentar la sentencia del TSJ de Nafarroa sobre La Manada. Sigue cabreando, aunque ahora por tres a dos que discrepan. Algo se mueve.