07/12/2018

Raimundo Fitero
Vicios

Cuarenta años es un motivo para escribir un tango, unas memorias o un cuento minimalista. En Madrid se han concentrado los poderes menores para celebrar un acontecimiento político que hace cuarenta años sirvió para alumbrar una parte del camino, dejar a otro en penumbra y oscurecer definitivamente otro camino tangencial. De esta constitución de la que tanto alardean, emanan todos los estatutos, leyes, artículos, del 8 a los menos militares, lo que es la verdad, la menita, las ilusiones y las blasfemias y las claves de fin. Las televisiones autonómicas vienen de ahí, y de los estatutos de autonomía.

Los anticonstitucionalistas violentos de Vox, quieren acabar con la constitución a las bravas. Piden que Andalucía no sea Andalucía, sino una región de España. Piden cerrar Canal Sur, la televisión andaluza que, si nos pusiéramos a analizar sus contenidos, merecería su cierre, pero no por los motivos de identidad, sino por el maltrato que sufren los andaluces con su programación desmovilizadora, cateta, que los trata como si fueran incapaces de salirse de lo más básico y tópico, casi xenófobo o clasista. Y seguramente que tiene estructuras clientelares, sueldos excesivos, organigrama obsoleto.

Cerrarlo, porque le pasa por el escroto de Vox y el PPox se lo está pensando es inaudito. En estos días, en TV3 se ha llegado a un acuerdo entre los independentistas, PSC y Cs, y han renovado la cúpula del ente catalán. Hay un consejero de la derecha naranja y anticatalanista, en la televisión acusada de ser un instrumento de ese esperpéntico golpe que la judicatura española, y los descerebrados de la derecha extrema se han inventado para justificar sus tropelías antidemocráticas. O sea, la contradicción es un vicio muy extendido. Y las televisiones autonómicas siguen siendo correas de transmisión de los gobiernos de turno.