Las relaciones familiares en su visión futurible

Es muy grande la responsabilidad para el anime japonés que ha de recoger la herencia del maestro Hayao Miyazaki y de la obra conjunta del estudio Ghibli. Hay quienes ven un posible relevo en el estudio Chizu y en la figura del cineasta de segunda generación Mamoru Hosoda, cuya filmografía parecía más inclinada al manga con títulos muy celebrados como “La chica que saltaba a través del tiempo” (2006), “Summer Wars” (2009), “Los niños lobo” (2012) y “El niño y la bestia” (2015). Sin embargo, su nuevo trabajo está más próximo al cine familiar que desarrolla en imagen real Hirokazu Kore-eda, o a una creación del universo Miyazaki tan influyente como la recién reestrenada “Mi vecino Totoro” (1988), en todo lo relativo a conectar la realidad con mundos paralelos de naturaleza onírica.
Un olmo sirve aquí para conectar con esa otra dimensión en medio de un jardín que se releva mágico, y es así el modo en que el pequeño y celoso Kun de cuatro años recibe la visita de la futura Mirai, en cuanto extensión temporal de la recién nacida que copa la atención de los padres y de la mascota de la casa. Ha estado nominada al Óscar y al Globo de Oro, además de ganar un premo Annie y otros dos más en Nocturna Madrid.

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