02/04/2019

IVÁN REPILA
ESCRITOR

En «El aliado», el escritor bilbaino Iván Repila aborda desde el esperpento la posición ambigua de muchos hombres ante el feminismo. La novela incluye un epílogo de Aixa de la Cruz con un análisis que ofrece una perspectiva más académica, aunque no desprovista del tono satírico de la obra, y que redondea esta.

«En la lucha feminista los hombres hemos sido vagos, condescendientes y soberbios»
Patxi IRURZUN
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«La revolución feminista será violenta o no será». Ese es el lema que aparece en la faja publicitaria de “El aliado”. Y ese es el punto de partida de esta novela, publicada por Seix Barral. Un hombre que se enrola en la lucha feminista, a su manera, organizando un grupo de guerrilla urbana machista cuyas acciones desencadenen una respuesta violenta, liberadora y definitiva, del movimiento feminista.

Iván Repila ha escrito una novela sobre el feminismo que en realidad es una novela sobre el machismo, en la que analiza el papel, a menudo paternalista y cómodo, de los hombres, incluso de aquellos que se consideran aliados, frente a la lucha de las mujeres.

Ha optado por abordar un tema peliagudo como el que aborda «El aliado» desde el esperpento, ¿fue esto algo premeditado?

Sí, lo fue. La sátira siempre ha sido una herramienta útil para conjugar la denuncia y la crítica, y existen numerosos ejemplos en todas las narrativas (las novelas, el teatro, el cine, la televisión…) que lo demuestran. Apelar al machismo que nos rodea desde el humor negro, e incluso cruel, proponer una mirada corrosiva sobre la sociedad contemporánea y poner en cuestión sus discursos más reaccionarios a través de la ficción (en un momento de la literatura en que la ficción pura parece estar perdiendo interés) era, a mi juicio, una estrategia adecuada para escocer a los lectores, especialmente a todos aquellos que se dicen feministas pero luego, en la calle, más allá de discursos teóricos y buenas intenciones, no hacen absolutamente nada para conseguir un mundo más igualitario y más justo.

En «El aliado» hay una declaración de intenciones desde el propio título de la novela y su portada. ¿Qué es un hombre aliado: alguien que intenta arrimar el hombro de buena fe pero equivocadamente a la lucha feminista, que lo hace interesadamente, que simplemente ignora muchas cosas?

Creo que el término «aliado» ha perdido totalmente su carga histórica de significado, porque al cobijo de esas seis letras muchos hombres nos hemos sentido muy cómodos, asquerosamente satisfechos: bastaba con pensarse o decirse «aliado» y llenarse la boca con la frase «yo estoy a favor de la igualdad» para dormir como un cerdo feliz, sin preocupaciones, observando con maravilla (y recelo, a veces) el durísimo trabajo que el movimiento feminista lleva décadas, siglos, llevando a cabo. Hemos sido vagos, condescendientes y soberbios. No hemos leído, nos hemos puesto de perfil ante los machismos cotidianos que nos rodean, no hemos participado activamente en la lucha ni nos hemos esforzado en absoluto.

Creo que ha comentado en alguna ocasión que la mayoría de los hombres pecamos de esa ignorancia, que desconocemos los clásicos del feminismo, o todas las situaciones en que una mujer a su largo de su vida ha sufrido machismos de mayor o menor intensidad... ¿Usted desde dónde parte para escribir esta novela?

Parto de una mujer que tuvo la paciencia y la generosidad de ayudarme a ver lo que no veía, Aixa de la Cruz, y de otras muchas mujeres cercanas que me enseñaron a escuchar con atención. Es bastante patético que mi interés por el feminismo no haya surgido de mí mismo, que yo no hubiera tomado la iniciativa (como sí había hecho, a lo largo de mi vida, con otros movimientos fundamentales), y que me resistiera, durante años, a reconocer mis inacabables privilegios de hombre blanco, cis, hetero, de clase media y con estudios superiores. Claro: el mundo está hecho por hombres como yo para hombres como yo, y todo lo demás es la periferia, lo otro. De ese tremendo golpe contra la realidad surge la necesidad de escribir esta novela.

Hablábamos antes del esperpento, pero la verdad es que la manera en que algunos partidos están reaccionando ante el avance del movimiento feminista casi parece un paso previo a la guerrilla urbana que plantean los protagonistas de su novela...

Cuando una fuerza rema en una dirección siempre surge una fuerza opuesta que trata de obstaculizar su avance. Y sería ingenuo pensar que la extrema derecha o la derecha de toda la vida están reimaginando sus ideales machistas y misóginos: siempre han estado ahí, más o menos a la vista; la diferencia es que ahora, ante un movimiento que cuestiona sus privilegios y quiere cambiar el statu quo, se sienten agredidos y contraatacan. No creo que yo anticipara nada: solo teníamos que mirar alrededor para saber que esto sucedería.

El epílogo de Aixa de la Cruz, ¿era algo premeditado antes de escribir la novela o surgió después? ¿Cree que la novela sería distinta sin él?

Fue idea suya, y me pareció tan buena que le pedí que lo escribiera. Me parece que completa la novela y que, sin él, estaría coja; porque en ese epílogo se analiza, desde una perspectiva académica (aunque dentro de la propia ficción de la novela), hasta qué punto es una contradicción que un hombre se convierta en pieza fundamental para el avance de un movimiento que lo único que le exige es que no sea protagonista. Esa y otras contradicciones que planteo me parecen un buen punto de partida para analizar el papel de los hombres en el feminismo.

¿Le ha ayudado la novela a resolver sus dudas sobre este tema, el feminismo, el machismo, etc.?

Me ha ayudado a darme cuenta de cuál es mi trabajo (subrayo el posesivo) como hombre feminista: hacer examen de conciencia y autocrítica; reconocer mi machismo; corregir actitudes, comportamientos, creencias y formas de estar en el mundo; hablar menos y hacer más. Y no solo conmigo, sino con los hombres que me rodean: nunca más justificar, permitir o quitar importancia a todo lo que hacemos mal como sanos hijos del patriarcado.

Creo que el término ‘aliado’ ha perdido su significado, porque al cobijo de esas seis letras muchos hombres nos hemos sentido muy cómodos.

El mundo está hecho por hombres como yo para hombres como yo, y todo lo demás es la periferia, lo otro.