Justificar
Ante los recientes accidentes mortales de alpinistas de alto nivel, en ascensos de alta dificultad y tratándose de alpinismo de alto riesgo, se publica un artículo en Italia: “Nardi, Ballard, Lama, Auer y Roskelly: ¿Cuál es el límite?”. La idea que subyace es: «El riesgo es el patrocinador». «Cuando el montañismo vive de patrocinio con muchos ceros, es inevitable que dicha experiencia se convierta en marketing» y que «en el análisis de la actividad extrema suele haber un elemento ausente, el dinero». Yo dudo que este sea el motivo que impulsa la inmensa mayoría de las actividades extremas en el alpinismo y dudo que la mayoría de los patrocinadores quieran ver su nombre, o el de sus empresas, asociados a la tragedia y la muerte y me consta que muchas veces la seguridad es una de sus exigencias. Más bien el tema a discutir sería: ¿Merece la pena? Los alpinistas de élite aluden a la pasión alpina, la adrenalina, la libertad de acción en las montañas, el autoconocimiento, todo ello aderezado con anhelos ambientalistas, culturales, estéticos, espirituales, etc. y dejando entrever sotto voce, en privado, una cierta culpabilidad por egoísmo respecto a los que han dejado en casa. Hay muchos muertos en estas actividades extremas. Estamos hablando de montañismo y esto no es Siria, Libia o alguno de estos atormentados lugares del mundo. El problema es que este tipo de montañismo es fascinante pero difícil de justificar socialmente. El núcleo del debate.

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