04/06/2019

PABLO AGüERO
CINEASTA

Desde Argentina a Euskal Herria. El internacionalmente reconocido cineasta Pablo Agüero recala estos días en tierras vascas para rodar su última película, «Akelarre». Basada en un libro escrito por el inquisidor Pierre Lancre en el siglo XVII, retorna a la caza de mujeres para revivir los fantasmas que ideó la propia Inquisición. Deba, Lesaka y Urbasa son algunas de las localizaciones que visita el rodaje.

«El pueblo vasco fue uno de los pocos que logró conservar su identidad a pesar de la uniformización de la cultura»
Ariane KAMIO|DONOSTIA
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Pablo Agüero realiza un nuevo giro en su carrera cinematográfica con “Akelarre”, después de la exitosa “Eva no duerme”, un «necropic» sobre la icónica Eva Perón y los fantasmas que se crearon entorno a su muerte y a su cuerpo. Estilísticamente no tienen nada que ver un proyecto con el otro, pero Agüero mantiene un hilo de conexión entre ambas narraciones. “Akelarre” también regresa al pasado, hasta el año 1609, e indaga en los fantasmas y las mentiras que trajo consigo la Inquisición, su discurso, su modus operandi y sus objetivos, que según el cineasta tienen continuidad hasta los días en los que vivimos. Con Amaia Aberasturi y Alex Brendemuhl encabezando el plantel actoral, “Akelarre” se adentra en un caso concreto de caza de brujas que tuvo lugar en Euskal Herria en el siglo XVII. Estos días rueda en tierras vascas la que será su próxima película.

 

¿Cómo un director argentino toma una parte de la historia vasca como epicentro para su próxima película?

La caza de brujas es una historia universal que ha sucedido en toda Europa y en el continente americano. Ha tenido una incidencia enorme en la transformación de lo que es nuestra cultura actual, nuestra civilización actual. Ha impuesto una ideología global y de los casos que he estado investigando, el más singular y el más representativo fue el del pueblo vasco.

¿Por qué?

Por varias razones. Porque fue uno de los pocos pueblos que logró conservar su identidad a pesar de la uniformización de la cultura que se hizo a través de la conquista incluso de Europa y de América. Se fue imponiendo un pensamiento único y el País Vasco fue una de las pocas regiones que pudo mantener todavía una parte de su propia cultura. Y además, este caso en particular que trato en la película, que es un caso real, es el más representativo y al mismo tiempo el más espectacular, el más cautivador. Porque se trata de un juez que era al mismo tiempo un gran escritor y que desarrolló el mito de lo que se convirtió el akelarre, con todo el pensamiento de su época, que era un pensamiento barroco. Sospechaba siempre de la presencia de una intención escondida detrás de todo lo que se ve y lo que sucede. Y en su caso era que todo lo que sucedía en el mundo era obra de Lucifer, del diablo. Entonces este caso era muy inspirador por su dimensión literaria.

Se ha basado concretamente en la obra del inquisidor Pierre Lancre titulada «Tratado de Brujería Vasca: Descripción de la inconstancia de los malos ángeles o demonios».

Es un libro en el que el propio autor relata las investigaciones y juicios que realizó en el País Vasco en 1609 y vemos a través de la pintura que él hace del País Vasco y de las mujeres en particular cómo proyecta sus fantasmas y miedos en todo lo que ve y resulta desconocido.

¿Ve alguna similitud entre su anterior película «Eva no duerme» y «Akelarre» en cuanto a que ambas tratan sobre diferentes mitos como son Eva Perón o la caza de brujas?

Desde el punto de vista temático hay mucha afinidad, desde el punto de vista estilístico no. En cada película que hago suelo estar en una ruptura total con lo que he hecho antes. Aquella fue una película mucho más formalista. “Akelarre” es una película más narrativa, habla más sobre las emociones, la dimensión humana de los personajes. Pero desde el punto de vista temático sí. Hay además una continuidad clara entre la Inquisición y las dictaduras, tanto las que hubo aquí como las que hubo en América Latina. Una herencia reivindicada de ciertos tipos de valores, un modo de pensamiento y un modo de reprimir también. Incluso los métodos de interrogatorios, de torturas, de desaparición de personas, se han heredado de la Inquisición. Entre la desaparición del cuerpo de Eva (Perón) y la desaparición de los cuerpos de las brujas hay una relación que no la he inventado yo, y ese paralelo se puede ver incluso en los discursos de los dictadores.

Existe misticismo en torno a la caza de aquellas mujeres, no sé si la película entra en observar a esas mujeres como leyendas o siempre tiene un enfoque realista.

La película muestra cómo la lectura supersticiosa más profunda y grave la traen los inquisidores mismos. No sigue la tesis habitual que se muestra en las películas, donde se muestra a la gente regional y del campo como más supersticiosa. El imaginario desbordante sobre una lucha entre Dios y el diablo y la brujería y el akelarre son mitos que han llegado con los inquisidores. Y eso es lo que me parece interesante. Cómo hay una especie de conquista cultural e ideológica. Vienen a imponer un pensamiento totalmente delirante a una población que no lo tiene. Me interesa mucho ese mecanismo. No es una película fantástica, no es una película que crea en la existencia del diablo en un sentido literal. No voy a revelar mucho lo que pasa, pero la línea directiva es el arresto de estas chicas que son encerradas y están acusadas de un crimen imaginario y tienen que encontrar una manera de salir de esta situación, que parece imposible. Es más un thriller.

¿Qué peso tiene la violencia en la película?

La violencia… Hay mucha violencia pero no es explícita, no se ve tanto en la imagen, pero se siente la violencia que sufren estas mujeres, la persecución. Intento que se sienta de una manera suficientemente fuerte sin caer en la vulgaridad o en las imágenes shock gratuitas. Trato de poner al espectador en la situación de estas mujeres sin caer en un regodeo del sufrimiento.

La violencia es algo imprescindible en este tipo de historias aunque no se muestre de forma explícita.

Sí. Primero se ejerce una violencia sicológica muy grande, el encierro también lo es, y también hay una parte de violencia física. Pero sobre todo he intentado que la película tenga una lectura contemporánea porque para mí las cosas que se cuentan aquí de una manera o de otra siguen vigentes, nos hablan todavía de nosotros mismos, las violencias que suceden hoy en día también.

La violencia, y la mentira. Usted mismo ha comentado que fue una conquista ideológica y cultural ideada por los inquisidores.

Claro, es imponer un sistema de pensamiento en el que se estigmatiza a todo aquel que es diferente y viniendo de una cultura intrínsecamente machista, uno de los sectores débiles que sufren más esa represión es el de las mujeres.

Imagino que el paisaje tiene gran valor en la película.

Sí, porque la relación de estas chicas con la naturaleza tiene una gran importancia. Entonces el paisaje no es para mí una tela de fondo para mostrar lugares bonitos, es parte del corazón de la película y de lo que están viviendo estas chicas antes de que las encierren. Y el contraste entre esa inmensidad de la naturaleza y el encierro es… la dinámica de la película está construida sobre ese contraste.

¿Me puede contar dónde están realizando el rodaje?

Hemos estado en Deba, Lesaka, Urbasa y también en Sara. Estamos la verdad en sitios diferentes y alejados del País Vasco, para interiores y exteriores.

¿La película se rueda íntegramente en Euskal Herria?

Sí. Hemos estado más de un año buscando localizaciones y haciendo castings hasta conseguir lo que buscábamos. Pero todo en Euskal Herria y todas las actrices hablan euskara. También esa limitación nos condicionaba mucho. Tuvimos que hacer una búsqueda muy exhaustiva.

De eso quería preguntarle. En el casting participaron 900 mujeres y finalmente han seleccionado a seis. ¿Cómo fue el proceso y qué exigían a las aspirantes?

El proceso fue muy arduo porque teníamos no solo a casi 900 mujeres sino que cada una pasaba varias etapas y luego ensayos grupales. Fue un trabajo muy exhaustivo. También porque lo que se busca sobre todo es magia. Más que una característica física determinada o una personalidad determinada, por supuesto que había unas características que buscábamos, son chicas un poco salvajes, llenas de vida, rebeldes y además tenían que diferenciarse entre sí. Pero sobre todo buscábamos chicas que tuvieran algo que nos pueda conmover a lo largo de toda la película. Es algo indescriptible y a veces uno no se da cuenta a primera vista. Tienes que profundizar, incluso encontrar la calidad humana, que es lo que va a hacer que te conmueva y que tengas ganas de acompañarla durante las dos horas de película.

Entonces, el peso interpretativo de la película, el gran pulso, recaerá sobre ellas, ¿no es así?

Sí. Toda la dimensión emocional recae en ellas.

Y no todas son profesionales...

Hay una sola que ha hecho cine. Es Amaia Aberasturi. Y las otras no han hecho nada. Creo que ninguna ha hecho cine. No fue un criterio que tuvieran experiencia o no. Me parece que son unas actrices excelentes. Por qué lo son, no lo sé. Quizás tengan un talento más instintivo.

¿Eso es un condicionante a la hora de dirigir?

Sí, porque tienen modos de funcionamiento diferentes entre sí, no tienen una misma manera de trabajar. Entonces no se les puede dirigir de la misma manera. Cada una tiene sus necesidades, su potencial. Eso también obligó una reescritura (del guion) para readaptar los personajes escritos a las actrices que teníamos. Quise elegir las que para mí eran las mejores aunque no coincidieran con lo que había en el guion. Quiero decir las perlas perfectas para esta película, las que tuvieran más potencial para esta película, aunque no correspondieran con la idea inicial que yo tenía. Eso implicaba entonces reescribir y adaptarlo a ellas. Es un trabajo conjunto, colectivo.

No sé en qué medida realiza la película una incursión en la cultura vasca. En la música tradicional, por ejemplo.

Hemos trabajado a partir de una canción tradicional, a la cual le hemos hecho arreglos con Mursego (Maite Arroitajauregi). Son variaciones de la misma canción y también un poeta local escribió la letra. Le pusimos una letra nueva en euskara. Busco hacer revivir lo que pudo haber sido la música de esa época, pero no copiando las reconstrucciones que existen hoy en día, sino imaginando aquello que tal vez en aquella época estuvo muy vivo y luego fue reprimido y desapareció. Es una mezcla de trabajo etnológico y trabajo de imaginación. Había una represión tan grande que en un momento se cortó la continuidad.

¿Por eso también la opción de rodar en euskara?

Eso es complejo, porque tampoco el euskara que se hablaba es el mismo que el que se habla ahora. Eso fue muy complejo, encontrar el lenguaje que tenían que hablar. He preferido una cierta neutralidad en el lenguaje. Siempre que tengo que elegir entre la reconstitución fiel o algo que esté vivo, prefiero lo que esté vivo. Prefiero que las chicas nos parezcan creíbles, frescas y no repitiendo un texto de difícil pronunciación y que no es la lengua en la que hablan realmente.

Intento que la violencia se sienta de una manera suficientemente fuerte sin caer en la vulgaridad o en las imágenes shock gratuitas. Trato de poner al espectador en la situación de estas mujeres sin caer en un regodeo del sufrimiento.

 

El euskara que se hablaba no es el mismo que el que se habla ahora. Eso fue muy complejo, encontrar el lenguaje que tenían que hablar. He preferido una cierta neutralidad en el lenguaje.

Entre la desaparición del cuerpo de Eva (Perón) y la desaparición de los cuerpos de las brujas hay una relación que no la he inventado yo, y ese paralelo se puede ver incluso en los discursos de los dictadores.