CURIA LE VUELA LA CHISTERA A MAYA
A LA QUE PASABA EL ALCALDE POR LA CALLE CURIA CON SU VESTIDO DE GALA, UN MOZO SE ENVALENTONÓ Y LE DIO UN TOQUE AL SOMBRERO DEL ALCALDE. LA CHISTERA VOLÓ DANDO VUELTAS ENTRE SILBIDOS DE MUCHOS ASISTENTES.

Un simple gesto lo cambió todo ayer. Un golpecito certero en el ala. ¡Plas! La chistera del alcalde salió volando. De un modo tan simple, pareció que todo volvía a tener tono sanferminero. Porque la verdad es que el ambiente de la mañana andaba cargadito, agrio. No solo por la resaca o la pesadez de una noche sin dormir. Las imágenes de la Policía Municipal sacando por los pelos a la concejala Maider Beloki y los forcejeos con Itziar Gómez y Amaia Izko habían dejando a un importante sector de la ciudad bastante tocado, a todos aquellos que se sienten identificados con la ikurriña que no dejaron desplegar y a todos aquellos que piensan que a los concejales no se les puede tratar a golpes.
Ayer tocaba sacar a pasear al santo, pues era 7 del mes 7. La procesión es un acto interminable. Entre las vueltas y revueltas que le dan a la imagen de San Fermín por Alde Zaharra y la misa presidida por el obispo, se tiran toda la mañana desfilando. Unas cuatro horas de vete y ven de la Catedral a la capilla de San Lorenzo.
La procesión fue, como siempre, lenta, aburrida y matadora. Hay quien se emociona, pero porque hay gente para todo. Tampoco es que el desfile, como tal, congregue a una muchedumbre de fieles. Ahora bien, entre los gigantes, los cabezudos, la Corporación vestida de gala, los municipales luciendo uniformes de época y cascos de lata bruñida con penachos verdes, la Pamplonesa, los dantzaris del Duguna, el arzobispo con su cabildo y el santo morenico... ya son unos cuantos. A los que hay que sumar los cordones de seguridad de los lados con decenas de municipales.
El sermón del obispo
De la misa merece destacar lo perdido que anda el arzobispo Francisco Pérez. «Hay algo que me impresiona de San Fermín y es la lucidez que él tenía para defender la vida en su totalidad», sermoneó. Lo cual, desde luego, manda narices escuchar a estas alturas. Habida cuenta de que está demostrado que San Fermín no existió, Pérez habría quedado mejor callado.
Es comprensible que el arzobispo siga manteniendo el cuentico de San Fermín. De lo contrario, se produciría un efecto dominó bastante peligroso. Pues lo siguiente sería preguntarse de quién son los huesecillos que guarda la imagen en el óvalo de cristal que tiene en su pecho y que se metieron allí hace, exactamente, 45o años. Y al final, a lo que conduce todo esto es a recordar que en Iruñea ya había fiestas en estas fechas antes de que se consagrara el día 7 a San Fermín.
El acto litúrgico quedó, como siempre, en un segundísimo plano. De no ser tan numerosa, también hubiera pasado lo mismo con toda la procesión. La mayoría de la gente, a esas horas, estaba tomando pintxos y cañas. Sí que es cierto que, cuando se ve a la estatua pasar, los guiris se suelen animar a sacarle una foto con el móvil. Y los más endomingados suelen aplaudir.
El final de la procesión consiste en cruzar por la plaza Mercaderes y subir por la estrecha calle Curia hasta la catedral. El problema es que, como se toman tanto tiempo entre misa, «momenticos» y demás, para cuando les toca hacer esa parte del recorrido ya enfila la una y media de la tarde. Y a esa hora hay tanta gente poteando que no caben todos los que pretenden pasar. Eso se notó ayer muy particularmente, por eso de que cayó en domingo. Los esforzados cabezudos daban pena avanzando como podían entre una multitud que cedía muy de mala gana un hueco que cuesta mucho esfuerzo conseguir.
Como la Policía Municipal iba empujando, pues poco a poco ya lograron abrirse paso los de la cabeza de cartón y, tras ellos, todos los demás. El siguiente nudo gordiano era el Bar Temple, ubicado al pie de Curia y en la confluencia con Nabarreria, Estafeta y Calderería. Allí estaba el grueso del pelotón y, además de no caber por espacio, muchos tenían intención de desahogarse.
Pasó primero la Comparsa de Gigantes. No dio problema, pero la gente empezó a elevar el tono cuando veían al arzobispo. Ya para cuando llegaban los corporativos, se cruzaban los insultos y los silbidos a los concejales de UPN y los aplausos a Joseba Asiron y los ediles de EH Bildu y Geroa Bai.
El golpe de la chistera
Desde hace años, UPN manda también a los suyos a compensar los pitos con aplausos. Paz Prieto se daba aire ayer con su clásico abanico rojigualda (a juego con el bolso y el broche) acompañada de la exconsejera Lourdes Goicoechea. Muy cerca estaba también el parlamentario Ángel Ansa. En cualquier caso, los de UPN se acomodaron principalmente en la parte más alta de la calle y la zona del Temple fue coto de sus detractores.
Y allí fue, a la altura del número 8, donde se produjo el instante mágico. Alguien –un calvo para más señas– no pudo resistir la tentación de dar un golpecito de abajo arriba a la chistera del alcalde. Había mil cámaras. La Policía le pilla, fijo. Pero las fotos del alcalde con la chistera voladora marcarán época. Hay quien verá en eso agresión, que hubo penalti. Pero fue todo un golazo.
El tono de la protesta fue similar a los años anteriores a que Asiron llegara al Ayuntamiento. En cuanto a ruido e intensidad, puede que fuera incluso un poco menor. Sí que hubo individuos aislados que se calentaron, y destacaron dos enganchadas de policías con grupos que protestaban. Rifirrafes con empujones sin sentido, pues se produjeron cuando ya los concejales habían terminado de pasar. La Policía Municipal está ofreciendo imágenes que recuerdan a la etapa de Simón Santamaría. No hubo conatos violentos. De hecho, el segundo enganchón de policías y asistentes se produjo justo al lado de Paz Prieto. Los que aplauden y los que protestan estaban revueltos sin que eso generara incidentes.
Tras devolver el santo a la Catedral, bajaron los ediles de nuevo sin más incidentes. La nota histórica la puso el repique que tocaron los campaneros haciendo sonar a la campana “Gabriela”. El bronce cumple 500 años y conoce las fiestas de julio de Iruñea desde antes de que se dedicaran al santo inventado.

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