Mikel INSAUSTI
CRÍTICA «Quien me quiera que me siga»

El triángulo amoroso que envejece con el cine

Aveces nuestra explicación a tanta película otoñal es que el público de cine se ha hecho mayor, como si se tratara de una estrategia de mercado o algo así, cuando en realidad no lo es. El quid de la cuestión está en que los autores fílmicos han envejecido, y tienden a expresarse generacionalmente e identificarse con personajes que les son coetáneos. Y como nos llega mucho cine francófono, se trata de historias que toman como referencia cultural la “nouvelle vague” y como ideológica, el Mayo del 68. Ya tuvimos oportunidad de comprobarlo con “La casa junto al mar” (2017), penúltima realización de Robert Guédiguian, que no por casualidad es el productor de “Quien me quiera que me siga” (2019), de la cual es responsable su colaborador José Alcala, fiel a la línea editorial marcada por el marsellés.

La pareja protagónica de esta dramedia, escrita también a duo por José Alcala y Agnès Caffin, lleva 35 años de matrimonio. No es nada en comparación con las casi seis décadas que han pasado desde que François Truffaut hiciese “Jules et Jim” (1961), influyendo en todos los triángulos amorosos que han ido asomando a la pantalla con posterioridad. La tercera parte de la relación triangular la representa el vecino y amigo, con quien la mujer aburridamente casada mantiene un romance. Juega el papel de amante por su aspecto más acorde con los viejos ideales, a los que el marido ha renunciado convirtiéndose en un tipo resentido.

Cuando el tercero en discordia se muda a una urbanización para la tercera edad ella decide abandonar el hogar, lo que por fin provoca la reacción de él, dispuesto a intentar dulcificar su mal caracter. De por medio está la acogida del nieto mulato, víctima del racismo paterno. El trío estelar no necesita ni actuar, con un Daniel Auteuil en registro avinagrado y una Catherine Frot esplendorosamente madura, acompañados de Bernard Le Coq (el de la tónica).