15/08/2019

Mikel INSAUSTI
Crítico cinematográfico
El mal discípulo

Entiendo que haya personas a las que solo les interese el cine en cuanto negocio, y que en consecuencia ejerzan de productores. En cambio, se me escapa el tipo de cineasta chanchullero al que le motiva el lado especulativo de la industria sin renunciar del todo a su vena creativa. Ahí ya me pierdo, y más cuando ese realizador ha de ser consciente a la fuerza de que no posee talento artístico, a lo sumo habilidad para manejar el dinero público de las subvenciones.

El madrileño Emilio Ruiz Barrachina ya estaba bajo sospecha por inflar las recaudaciones de su película “El discípulo” (2010), para así poder recibir más ayudas oficiales. Recuerdo que en la correspondiente crítica me mostraba desconcertado por lo visto en pantalla, y ahora es cuando creo entender el sentido materialista de su versión de la vida de Jesucristo, y el hecho de que realmente de los Evangelios apenas le atrajera nada salvo el pasaje de la multiplicación de los panes y los peces.

Le toca comparecer ante los tribunales por la realización de una película que nunca se estrenó, y cuyo presupuesto de 1.150.000 euros fue costeado en su totalidad por la Consejería de Cultura de Cantabria. Se calcula que de la cantidad percibida únicamente gastó 50.000 euros, el 4% de lo estipulado, sin que se sepa a qué dedicó el resto. Nadie ha visto “Los cuervos” (2014), pero sí nos consta que su productora North Cinema ha sido embargada.