15/08/2019

La experiencia del verano en su vertiente menos superficial
Mikel INSAUSTI
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Es hijo de Fernando Trueba y Cristina Huete, además de sobrino de David Trueba. El miembro más joven del clan Trueba se ha hecho fuerte dentro del cine independiente, con una personalidad arrolladora y una sensibilidad narrativa que le coloca como el más importante entre tanto familiar cineasta.

Jonás Trueba triunfó en el festival de Karlovy Vary con su quinto largometraje, llevándose una Mención Especial del Jurado y el FIPRESCI de la crítica internacional. “La virgen de agosto” (2019) es una excelsa creación autoral, gracias a la aportación vital de Itsaso Arana, que se ha vuelto imprescindible en su cine desde la anterior “La reconquista” (2016). La actriz de Tafalla es también la coguionista de la película, definiendo y defendiendo el personaje de Eva, una chica de 33 años que trata de encontrarse a sí misma y de paso su lugar en el mundo.

La otra gran protagonista de la película es la gran ciudad en verano, descrita como nunca se había hecho antes. Las costumbres urbanitas han cambiado desde que Nanni Moretti plasmase el ferragosto romano, en su obra maestra “Caro diario” (1993), como un lugar solitario en el que pasear en Vespa. El Madrid estival que nos descubre Jonás está más habitado, porque a partir de la crisis no todo el mundo puede costearse unas vacaciones y son muchas las gentes que se quedan en casa.

Eva se siente como una turista en su propio hábitat, visitando lugares que durante el resto del año pasan desapercibidos. Es tiempo de terrazas al aire libre, de verbenas populares, de conciertos nocturnos. Y en ese ambiente diferente surgen nuevas oportunidades, reencuentros inesperados, escapadas al río en la Sierra para refrescarse. También se puede disfrutar de las amistades, de conversaciones cinéfilas o, simplemente, de huir. Es como aquella “Comedia de verano” (1996) de Éric Rohmer, y lo pequeño se hace grande.