Carta abierta a un médico de cuidados paliativos
Carta dirigida a un médico de cuidados paliativos, a raíz de los comentarios que la Conferencia Episcopal ha vertido sobre nuestra lucha, y que en absoluto se ajustan a la realidad.
Estimado amigo:
Yo como sabes, soy partidario de la eutanasia. Pero como también conoces, no es mi objetivo en esta campaña. Mi objetivo es la despenalización y el respeto a la libertad individual. Que nadie imponga a nadie sus convicciones. En todas mis entrevistas y en los coloquios tras la proyección de –‘‘La Promesa’’–, he hablado de los cuidados paliativos como algo absolutamente necesario. Ambas cuestiones son totalmente compatibles.
No conozco a nadie que no apoye los cuidados paliativos.
Cuando el consejero y la viceconsejera de Sanidad del Gobierno Vasco nos preguntaron qué podían hacer para ayudarnos en nuestra lucha, les pedimos dos cosas:
1.- Aumentar los recursos en Paliativos.
2.- Preparar personal en los ambulatorios para ayudar a hacer los Documentos de Voluntades Anticipadas (DVA).
Y en el coloquio tras la próxima proyección del documental en Gasteiz, defenderé la compatibilidad paliativos-despenalización de la eutanasia. Y siempre bajo el prisma del respeto a la libertad individual.
En nuestra lucha no contemplamos si la despenalización se ha resuelto en uno o en muchos países. Si es de progres o de conservadores. Lo considero un derecho inalienable del individuo. De los que creen en Dios y de los que no creen. Yo personalmente solo creo en un Dios: el amor. Y en el contenido de ese Dios he fundamentado mi vida. El amor es respeto.
Por ello, yo jamás impondré mi voluntad ni mis convicciones a nadie. Exijo que ellos procedan con el mismo respeto y la misma tolerancia.
Quienes no estén a favor de la despenalización, están protegiendo a una ley que no me respeta. Ellos son más dioses que el Dios que dicen representar.
Siempre abierto a tus comentarios, que como sabes, valoro y me invitan a la reflexión.
Un fuerte abrazo.

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