Hollywood sigue sin entender el feminismo

Los ejecutivos de Hollywood, que siguen siendo hombres, se han creído que convertir viejos éxitos machistas de la televisión o del cine en versiones feministas es tan sencillo como darle la vuelta a un calcetín. Al principio las comedias gamberras protagonizadas por mujeres, al igual que las cintas de acción empoderadas, pretendían reivindicar algo tan lógico como que los géneros cinematográficos no tienen porqué ser propiedad exclusiva del sexo masculino, lo que bien mirado no deja de ser una extensión de lo que en su día ocurriera con la pornografía. Sin embargo, el fracaso comercial de “Los ángeles de Charlie” (2019) puede ser contraproducente para la normalización identitaria dentro de la industria del cine, y toda la culpa es del estudio Sony, que ha querido aprovechar la presión del movimiento #MeToo para una operación de lavado de cara totalmente interesada, que no pasa de las consignas y frases tópicas de las camisetas que lucen en los escaparates de cadenas de ropa femenina al pormayor.
Sin entrar a juzgar la calidad fílmica del producto ni querer establecer comparaciones, creo que la postura como productora de Drew Barrymore en el 2000 fue más inteligente que la adoptada ahora por Elizabeth Banks. La de Barrymore era una parodia del machismo inherente a la serie televisiva de 1976, que se reía de la hipersexualización de la que fueron objeto las primeras ángeles, tal como siempre lo ha reconocido la actriz Farrah Fawcett, harta de ser considerada como un ícono sexual de una década concreta.
Si en origen el concepto Bosley, en cuanto intermediario entre el jefe oculto Charlie Townsend y sus chicas, se inspiraba claramente en la figura de un proxeneta, en la nueva versión van y multiplican a los Bosleys, lo que equivaldría a una especie de red de prostitución internacional. De qué sirve entonces la inclusión superficial de una diversidad de sexo y de raza, con Kristen Stewart y Ella Balinska.

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