Carlos GIL
Analista cultural

Formas de la censura

En territorio trifachito, de manera directa, sin más intervención que una decisión de un cargo político, se ha censurado a una monologuista que dedicaba su actuación a denunciar la violencia machista. Es una de las formas de la censura más grosera, más detectable, más propicia al alboroto, las posturas sobrevenidas de apoyo y el follón mediático. Otras maneras, formas e invocaciones de la censura se mantienen de una manera larvada o protegida por un silencio cómplice o las sutilezas reglamentarias que hacen difícil denunciarlas. En el franquismo existía la censura previa, se tenían que presentar antes de su estreno las obras, los guiones, las novelas, las poesías a un tribunal censor que podía tachar alguna palabras malsonantes o algunas escenas que la carcomida mente del censo entendiera podía tener alguna connotación sexual o una referencia a la situación política del momento. Esta práctica instauró un virus: la autocensura. Y se detecta un resurgimiento de esta infección por miedo a las represalias censoras que desde hace unas décadas se manifiestan en el territorio de lo económico. De manera directa, suprimir ayudas, subvenciones y la de inducción administrativa, no contratar ni dar difusión a lo que molesta o se quiere censurar, es decir, que nadie lo vea, lo escuche o lo lea. Existe otra censura muy patética, la de por si acaso que se puede producir en viaje de ida y vuelta.