Media hora para soñar con dar la campanada ante el líder
Los rojillos firmaron un comienzo sobresaliente, pero las cosas se comenzaron a torcer con la lesión de Moncayola, una posible roja a Ramos que el VAR no quiso analizar y los errores propios en defensa que facilitaron el abultado revolcón visitante, ya en el tramo final.

OSASUNA 1
REAL MADRID 4
Osasuna soñó durante media hora con dar la campanada ante el líder, gracias a una salida en tromba que cogió por sorpresa al Real Madrid y que dio lugar a que se adelantase en el marcador. Sin embargo, con el paso de los minutos, los de Zidane se recompusieron y acabaron por forzar esos errores de los que el técnico rojillo, Jagoba Arrasate, habló entre semana y que había que evitar. Al final, el castigo fue excesivo para lo que se vio sobre el césped e incluso el devenir del partido pudo cambiar si el VAR hubiera considera como expulsión una fea entrada de Ramos cuando en el luminoso todavía mandaba el 1-0.
El plan con el que saltó la escuadra navarra fue cuando menos novedoso. Sin una referencia clara arriba y sumando piezas en la medular para contrarrestar el elevado número de centrocampistas que suele acumular el conjunto blanco cuando quiere adormecer a su rival. No lo consiguieron los visitantes, al menos en los primeros minutos, en los que los anfitriones salieron en tromba, robando muy arriba y generando hasta tres ocasiones en un abrir y cerrar de ojos.
La hoja de ruta se torcía parcialmente cuando Moncayo-la –titular ante la ausencia de Oier, con problemas lumbares casi toda la semana– se veía obligado a retirarse con un fuerte traumatismo en su tobillo izquierdo, cuyo primer análisis médico descartó una lesión ósea. El contratiempo trajo como consecuencia algunas variaciones que, a la larga, restaron energía al equipo, especialmente en el tramo final. Entró Mérida desde el banquillo y Darko tuvo que retrasar su posición, lo que limitó la capacidad presionante en tres cuartos.
Aún así, eran los minutos iniciales y Osasuna tenía las baterías intactas como para meter el miedo en el cuerpo a un cuadro merengue que le pilló con el paso cambiado ese arranque. Nacho Vidal probó fortuna con un chut raso que se marchó demasiado cruzado, Arnaiz –su primera titularidad– lo intentó demasiado escorado con una volea que no encontró portería y Rubén García se marchó de dos rivale para encontrarse con la manopla de Courtois en un balón que iba camino de gol. Todo ello en apenas cuatro minutos.
La recompensa a ese vendaval llegó de forma colectiva e individual. El 1-0 anotado por un valiente cabezazo en plancha de Unai García adelantánsose a Casemiro premiaba el buen hacer del equipo y el esfuerzo del de Ezkirotz a varios meses de rehabilitación para sobreponerse a su grave lesión de rodilla.
El sólido líder de la competición no solo se veía por detrás en el marcador, sino que incluso era sobrepasado en todas las líneas por un recién ascendido. Fue en esa fase cuando sucedió uno de los lances que pudo resultar clave en el devenir del choque. Sergio Ramos entró con todo a un balón dividido con Rubén García, tocó esférico, pero también se llevó por delante con sus tacos el tobillo del valenciano, que lo dejó maltrecho durante unos minutos.
El VAR no quiso entra a valorar la posible expulsión del central andaluz –ni siquiera recibió amonestación alguna por parte de Gil Manzano–, pese a que algunas imágenes posteriores mostraron la dureza de la entrada. Al mismo tiempo, el Real Madrid comenzó a ofrecer signos de recuperación, con un indolente Bale, que primero empalmó al exterior de la red y después cabeceó alto, amén de una colada de Benzema, cuyo disparo fue sacado bajo palos por David García.
Remontada merengue
La tendencia comenzó a variar y más aún lo hizo cuando un cuero peleado entre el galés y Estupiñán salió de rebote ideal hacia el empeine de Isco, uno de los destacados, para colocarlo donde él quiso. No quedó ahí la cosa pues, apenas cinco minutos después, la zaga rojilla no estuvo contundente en un saque de esquina para que Casemiro prolongase y Ramos remachase casi bajo palos.
Las ilusiones se venían abajo, a la espera de una segunda parte que resultase más propicia a los merecimientos realizados. Sin embargo, aprendida la lección de lo acontecido en el inicio del encuentro, los blancos regresaron al verde con la idea de sobar la pelota y frenar un alocado ritmo que no les convenía para nada.
Pese a ello, Osasuna acumuló un par de lances con peligro, como el chutazo de Iñigo Pérez que se marchó arriba no por mucho y el disparo raso del activo Rubén García, desviado por Casemiro, cuando parecía que el balón iba ajustado al poste. A partir de ahí, el encuentro entró en un letargo, marcado por las interrupciones en forma de faltas, tarjetas y cambios mutuos.
En un partido de tanta exigencia física, las fuerzas comenzaron a flaquear y el desgaste realizado por los de Arrasate impidió ver a ese equipo que suele llegar tan entero al intervalo final. De nuevo, Rubén García protagonizó su enésima intentona, pero volvió a encon- trarse con otro obstáculo, esta vez el pie de Varane. Fue el último coletazo rojillo.
Con un depósito osasunista marcando la reserva, Zidane movió el banco y dio entrada a Lucas Vázquez y Jovic, que refrescaron su ataque y acabaron por finiquitar el duelo. Los anfitriones ya no tenían ni la mente ni las piernas frescas y una mala gestión en la medular acabó en una pelota suelta que recogió Benzema para cederle el gol al citado Lucas Vázquez, viniendo desde atrás. Era la puntilla a falta de cinco minutos para la conclusión. Sin nada que perder y con los locales ocupando posiciones muy adelantadas, el Real Madrid volvió a romper las líneas rojillas en una nueva oleada que culminó Jovic. Un 1-4 que no respondía a los méritos locales, pero que reflejaba la distancia entre unos y otros.
Arrasate: «Parece más grave de lo que ha sido»
La mayor parte de las veces, un 1-4 suele dejar la sensación de que un equipo ha sido muy superior al otro. Sin embargo, ese no fue el caso ayer, de ahí que el preparador rojillo, Jagoba Arrasate, desarrollase que «parece más grave de lo que ha sido, pudimos defender mejor, pero nuestros dos últimos rivales han sido de envergadura».
Sí que asumió que a los suyos se les hizo largo el partido. «El Real Madrid es un rodillo, te va llevando al límite y en los diez últimos minutos estábamos fundidos, nos ha faltado algo de energía, fase en la que han aprovechado para cerrar el partido». Arrasate habló de que en el inicio del envite se cumplió el plan de partido que tenían establecido, hasta que el equipo se quedó sin «ancla», en alusión a la lesión de Moncayola, que obligó «a retrasar a Darko».
Además, apuntó que el rival «tiene gente con muchísima estructura», lo que se vio patente en el 1-2, logrado de estrategia, y reconoció que en vivo no fue consciente de la posible gravedad de la entrada de Ramos, «aunque luego en el vestuario sí me la han comentado». Se lamentó, por último, de no haber podido «corresponder» al aliento que la escuadra navarra recibió desde la grada y admitió que «hay que encajar cosas» para volver a la línea anterior, pese a que la distancia con el descenso se mantiene en diez puntos.
Por su parte, Zinedine Zidane resaltó el triunfo de sus pupilos «en un campo muy complicado, donde no es fácil ganar». «Hemos salido con intensidad, porque sabíamos que ellos iban a empezar muy fuertes. A partir de encajar su gol, ha sido un partido diferente», analizó. N.M.

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