02/06/2020

La muerte de Floyd, cambio de ciclo en el movimiento antirracista

Las protestas extendidas por todo un país en un estado inflamable con un presidente incendiario marcan un cambio de ciclo para el movimiento antirracista de EEUU.

GARA|WASHINGTON
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«Estamos en la era donde la gente negra ha dicho ‘basta ya’. Piden que aquellos que están en el poder respondan de forma afirmativa con una legislación federal que aborde significativamente el racismo sistémico duradero y el supremacismo blanco en este país», sostiene Becky Monroe, directora del programa de Lucha contra el Odio y los Prejuicios de The Leadership Conference of Civil and Human Rights, coalición que engloba a unos 200 grupos del movimiento de derechos civiles, que cree que esta vez la indignación marca un punto de inflexión.

La difusión en redes sociales de los nueve minutos agónicos en los que el agente Derek Chauvin asfixiaba en Mineápolis a George Floyd, presionando su rodilla contra el cuello mientras este no paraba de decir que no podía respirar marca otra diferencia con hechos similares ocurridos durante décadas.

La mecha de las protestas ha prendido a lo largo y ancho de EEUU. Todos los estados del país han registrado protestas donde la gente gritaba «¡No puedo respirar!», en las que han muerto al menos otras dos personas en Iowa y una más en Kentucky.

Más de 40 ciudades estuvieron bajo toque de queda en la sexta noche de movilizaciones, entre ellas Washington, Mineápolis, Los Ángeles y Houston. Nueva York debatía ayer si decretarlo.

Decenas de coches policiales destrozados o quemados, una comisaría en llamas, disturbios e incendios frente a la Casa Blanca... son las imágenes de EEUU que circulan por todo el mundo.

Unos 16.000 soldados de la Guardia Nacional han sido desplegados y más de 66.000 han sido movilizados.

El presidente, Donald Trump, se refugió en un búnker subterráneo el viernes por la noche durante una manifestación similar ante la residencia oficial que, por primera vez en años, apagó las luces que la iluminan.

Una alegoría de su notoria ausencia, ya que Trump ha evitado cualquier aparición pública pero no ha dejado de echar leña al fuego insistiendo en imponer «la ley y orden». Para Trump, los disturbios son obra de grupos organizados, sobre todo del movimiento antifascista (Antifa), al que quiere incluir en la lista de «organizaciones terroristas».

«No es cierto que la mayoría de las personas involucradas en estas protestas o actos de destrucción de propiedad se identifiquen como antifascistas. No hay pruebas para sostener esto», señala Mark Bray, autor del libro ‘‘El antifascismo”.

«La mayoría de las personas que se manifiestan no rompen nada, pero el porcentaje de aquellos que están participando o que son comprensivos con los saqueos parece ser más alta que de costumbre», opina Bray.

El tono de los eslóganes y pancartas es más duro en general que durante las manifestaciones precedentes y, aunque la inmensa mayoría protesta en calma, la sensación es la del fin de un ciclo, de un cambio.

«Estoy cansada, estoy harta, ya basta», señala Chavon Allen, que se manifestó en el centro de Houston. La imagen de los manifestantes es la de ciudadanos no politizados, que se congregan espontáneamente para mostrar su hartazgo contra la violencia policial y el racismo flagrante de la sociedad estadounidense.

A pesar de ello, el FBI ha abierto una investigación por «violencia política» en Mineápolis.

«Tenemos niños negros, hermanos negros, amigos negros, no queremos que mueran. Estamos cansados de que se repita; esta generación no se dará por vencida. Estamos cansados de la opresión», dice Muna Abdi, de 31 años, en Saint Paul,

Un país inflamable

Todo esto ocurre en el marco del mayor confinamiento en un siglo y con gran parte de la población en aislamiento desde hace más de dos meses. «Hay tantas cosas que hacen que EEUU sea inflamable en este momento», destacó la escritora Michelle Goldberg en el “New York Times”. «Un desempleo masivo, una pandemia que ha puesto al desnudo las desigualdades mortales en acceso a la salud y en el plano económico, adolescentes sin mucha ocupación, violencia policial, extremistas de derecha que sueñan con una segunda guerra civil y un presidente siempre listo a arrojar gasolina sobre cada fuego». En sus numerosos tuits Trump solo ha mencionado las manifestaciones para pedir mano dura y acusar a los gobernantes locales de mano blanda. Ayer les instó a «arrestar a la gente, tienen que seguir la pista a la gente, tienen que meterles en la cárcel durante diez años y nunca verán este tipo de cosas de nuevo».

La insólita imagen de policías arrodillados en Nueva York

En la sexta jornada de protestas por la muerte racista de George Floyd, oficiales de policía en el distrito neoyorquino de Queens se arrodillaron junto a los manifestantes el pasado domingo. Al menos tres oficiales pusieron una rodilla en el suelo mientras los manifestantes los vitoreaban y les agradecían el gesto. Los policías, con la cabeza gacha, se unieron para leer la larga lista de nombres de hombres y mujeres negros muertos en los últimos años a manos de la Policía. Por la noche, cuando miles de manifestantes se reunieron en el Bajo Manhattan, cantando a los agentes «¡NYPD, arrodíllate!», al menos cuatro policías se arrodillaron y se oyeron fuertes vítores. Aleeia Abraham, presidenta del grupo BlaQue Resources Network, que ayudó a organizar la protesta de Queens, narró que el momento fue «muy sorprendente (…). Nunca habíamos visto algo así. En ese momento, entendieron por qué estamos tan enojados». «Así es como comienza el cambio», comentó las imágenes en redes sociales el gobernador del Estado de Nueva York, Andrew Cuomo. En diferentes puntos de Nueva York también se pudo apreciar a agentes de policía negros alzar el puño izquierdo en señal de solidaridad.GARA

Jordan, Hamilton y Williams se suman a las denuncias de una creciente lista de deportistas

El legendario exjugador de la NBA Michael Jordan y el seis veces campeón del mundo de Fórmula 1 Lewis Hamilton se han sumado a la creciente lista de deportistas de todo el mundo que han denunciado la muerte por asfixia de George Floyd.

«Estoy profundamente entristecido, realmente dolorido y totalmente enojado. Veo y siento el dolor, la indignación y la frustración de todos. Estoy con aquellos que están llamando contra el arraigado racismo y violencia hacia la gente de color en nuestro país. Ya hemos tenido suficiente», afirma el seis veces campeón de la NBA con los Chicago Bulls, que siempre se negó a tomar posición sobre cuestiones políticas y sociales durante su trayectoria deportiva. El británico Lewis Hamilton denunció, por su parte, el silencio de «muchas estrellas» de la F1, «dominada por los blancos». «Sé quiénes sois y os estoy viendo», les advierte el actual rey de los circuitos desde Instagram.

Ambos se suman a la cohorte de voces desde la NBA, la NFL (fútbol americano) y de otros deportes en EEUU, y en el mundo, que exigen cambios estructurales contra el racismo, también policial, que sufre la comunidad negra. El jugador de los Boston Celtics Jaylen Brown condujo 15 horas para participar en una manifestación en Atlanta. Roger Goodell, dirigente de la NFL, recordó que la ira de los manifestantes «refleja el sufrimiento, la cólera y la frustración que tantos de nosotros sentimos». La jugadora de tenis Serena Williams , su compatriota Coco Gauff, jugadores de fútbol en la Bundesliga y la Premier inglesa, la estrella de la NBA LeBron James, el entrenador de los Golden State Warriors, Steve Kerr… la lista se agranda.

Pero el testimonio más emotivo fue el del exjugador de Warriors y de San Antonio Spurs Stephen Jackson, que conocía a la víctima. «Floyd era mi hermano. Nos llamaban los gemelos. Mi hermano estaba en Minnesota porque había cambiado de vida. Conducía camiones. Y le habéis matado. Voy para allá. A exigir justicia».GARA

CHINA E IRÁN APROVECHAN


Los rivales de EEUU no han perdido la oportunidad. China, con la cual las tensiones van en aumento, denunció «la enfermedad crónica del racismo» e Irán, «la opresión del pueblo americano». Llamó a la Policía estadounidense a «parar la violencia contra la población y dejarla respirar».