El Olympique agranda su leyenda levantando su séptimo trofeo
Cambió el formato y se estrenó Anoeta como sede de la final pero la Champions League calca la historia de los últimos años. El Olympique, superior, se impuso al Wolfsburgo para adjudicarse su séptimo título continental, el quinto consecutivo. Números de récord que confirman al francés como el mejor equipo de la historia.

WOLFSBURGO 1
OLYMPIQUE DE LYON 3
Es el mejor equipo del mundo e, indudablemente, también de la historia. No hay rival que se acerque al palmarés del Olympique de Lyon y, a día de hoy, también parece imposible que alguno sea capaz de apartarle de sus objetivos. Tampoco el Wolfsburgo que, como en las dos finales anteriores en las que se ha cruzado con las francesas, acabó teniendo que hacerle pasillo entre lágrimas de frustración.
Porque la historia acabó como casi siempre, con victoria del Olympique. Y ya son siete, las cinco últimas de forma consecutiva. Y de nuevo redondeando una temporada muy anómala en las formas pero nada fuera de lo común en el reparto, es un decir, de títulos: las francesas ya traían Liga y Copa debajo del brazos cuando llegaron a Euskal Herria para disputar la fase final del campeonato.
Un ‘minitorneo’ en el que el equipo de Jean Luc Vasseur ha ido de menos a más. Sufrió mucho ante el Bayern en cuartos, menos frente al Paris Saint Germain en semifinales pese a que de nuevo se clasificó con un marcador ajustadísimo y menos aún anoche ante un Wolfsburgo que tampoco ha estado para tirar cohetes en este cierre de la Champions, pese a su espectacular arranque ante la ‘cenicienta’ Glasgow City.
El partido se decidió en la primera parte, en la que la superioridad de las francesas fue notoria. Vasseur, de nuevo sin Henry, resolvió la vacante de la sancionada Parris recuperando a Le Sommer –única futbolista, junto a Bouhaddi y Renard, que ha participado en los siete títulos de su equipo– sin cambiar el dibujo aunque Cascarino jugó algo más adelantada. En el Wolfsburgo los cambios volvieron a producirse en defensa aunque, como ya dejó claro frente al Barcelona, su mayor problema está en el centro del campo y, en menor medida, la portería.
Al Olympique le costó entrar en calor pero en cuanto encontró el agujero de la banda izquierda del rival, no dejó de atravesarlo. A veces con Marozsàn pero sobre todo con Cascarino, probable protagonista de las pesadillas de las lobas durante los tres próximos meses. De allí llegó la acción del 0-1, que remató Le Sommer para, tras el rechace de Abt, volver a cruzar para romper la igualada.
El Wolfsburgo dio el obligado pasito adelante pero se veía incapaz de lastimar a un rival que lo tenía todo –experiencia, calidad, convicción y ahora también ventaja– para hacerse con la victoria. Y que, de hecho, marcó el segundo a dos minutos del descanso. De nuevo tras una acción de Cascarino por la derecha que, en el rechace, empalmó Kumagai desde la frontal para ajustar el 0-2.
Parecía que todo seguía igual tras el descanso, con el Olympique percutiendo por la derecha y ahora también por la izquierda. Pero no llegó el tercero y e partido cambió. Puede que, inconscientemente, unas se echaran atrás dando por bueno el marcador. O que las otras empujaran arriba. Lo que es seguro es que el equipo de Lerch ganó esos metros y, sobre todo, apareció Harder, inédita durante el primer tiempo. Lo bueno fue que, además, marcó en cuanto se puso a ello. Como el rival, con el remate de una histórica, Alex Popp, que firmaba el 1-2 con más de media hora por delante, revitalizando la final.
Llegaron los mejores minutos del Wolfsburgo, al que le sentó bien la entrada de Wolter y Oberdorf, frente a un rival que, durante un rato, se limitó a frenar el juego como pudo.
También eso lo hizo bien y todavía le sobró tiempo para sentenciar. Lo buscó Vasseur desde el banquillo, con la entrada de Van de Sanden –verdugo de las alemanas en la final de 2018– y Taylor, y lo consiguió sobre el césped su equipo, al rematar de forma poco ortodoxa Gunnarsdottir, ex del Wolfsburgo, a la salida de un córner.

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