Una mujer excepcional en un mundo convencional

Ya en las viñetas autobiográficas de su novela gráfica “Persépolis”, Marjane Satrapi nos reveló que siempre quiso ser como Madame Curie y en su faceta como cineasta ha tenido la oportunidad de rendir un tributo a una mujer que subvirtió los códigos de la época y se convirtió en una referencia científica. Tal vez demasiado preocupada por respetar al máximo su referente de la infancia, la dibujante, guionista y cineasta iraní no ha querido jugar en exceso con su libertad creativa a la hora de plasmar en imágenes la ruta vital e intelectual de su admirada Marie Sklodowska-Curie y ha elaborado un biopic que se resiste a caer en lo convencional, tal vez demasiado academicista, mediante diferentes recursos tanto narrativos como visuales.
La poderosa presencia de una actriz de la talla de Rosamund Pike otorga al irregular conjunto un plus de interés dentro de una narración un tanto titubeante y salpicada de constantes saltos en el tiempo. La frialdad con la que Satrapi ha abordado esta obra resulta la decisión más correcta si se tiene en cuenta el propio carácter irreductible y arisco que siempre se han asociado a la científica, cuyas investigaciones marcaron un antes y un después.
Su trabajo en torno a los nuevos elementos radioactivos que descubrió la colocó en una difícil tesitura, porque si bien otorgaba remedios médicos impensables, también permitía el desarrollo de armas devastadoras.
El principal escollo de “Madame Curie” radica en que no logra un equilibrio en la alternancia de pasajes muy interesantes y otros que, por el contrario, aburren.

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