Raimundo Fitero
DE REOJO

Festejos

En pocas semanas la parca nos deja sin referencias festivas de esa memoria sentimental que parece se instala en nuestros disco duro por defecto, y que nos hace cantar una copla sesentera de manera casi automática que habíamos escuchado por el patio de vecindad hace décadas y no costaba en nuestra lista de éxitos actuales. No obstante, si tu dices con cualquier tipo de voz, tono y melodía, “la barbacoa”, te pones a bailar y te viene a la cabeza a un señor con dentadura blanca, blanquísima y un pelo siempre en estado creciente de color azabache que cada verano incorporaba un nuevo producto comercial contagioso a nuestras fiestas populares.

Georgie Dann murió con ochenta y un años, en un hospital donde había ingresado para operarse de una cadera y ya debe estar bailoteando, tocando jazz o hablando de asuntos sociales desde perspectivas de izquierda con Raffaella Carrá, porque estos personajes trascienden desde la repetición, la reincidencia, la constancia y se diluye en sus grandes éxitos lo que la persona fue o era, pero que pertenecía a su definición de individuo con ideas concretas sobre la organización del mundo, no de estrella del comercio audiovisual. Millonarios con sensibilidad social y política.

Este enjuto caballero francés, que cantaba en un español apropiadamente entrenado para que sus canciones se colocaran con una inusitada rapidez en las listas de éxitos, pero también en las orquestas generalistas de las fiestas mayores y en las orquestinas de todos los festejos populares de cada población. Sin olvidarnos que, en casi todas las cenas de cuadrillas, estudiantes de una ikastola o despedida de soltera se acaba berreando a voz en cuello las canciones de los últimos años. Y la lista es tremenda, larguísima, una especie de certificado de pertenencia a un tiempo y unas estéticas contradictorias.