Violencias
Decía Ryszard Kapuscinski que «para los periodistas que trabajamos con las personas, que intentamos comprender sus historias, que tenemos que explorar e investigar, la experiencia personal es, naturalmente, fundamental. La fuente principal de nuestro conocimiento periodístico son ‘los otros’. Los otros son los que nos dirigen, nos dan sus opiniones, interpretan para nosotros el mundo que intentamos comprender y describir». No hay periodismo posible al margen de la relación con otros seres humanos. Precisamente en esa interacción es donde surge, además de la colaboración y el hermanamiento, el peligro. Según datos de la Unesco, durante los últimos diez años, 888 trabajadores de medios de comunicación, uno cada cuatro días, fueron abatidos. Estos crímenes se siguen cometiendo con impunidad sin que, además, haya habido ninguna consecuencia en el 87 % de los casos. Detenciones arbitrarias, desapariciones, torturas... Existe una mirada escrutadora en torno a las personas que informan, que cuentan. Las personas que trabajan con cámara en mano son blanco fácil de violencias contenidas y violencias permitidas. La punta del iceberg es el asesinato, pero existen otras violencias, como acosar a una reportera cuando realiza una emisión en directo, golpear a operadoras de cámara, o pasar a toda velocidad tocando el claxon con el coche mientras una graba al borde de la carretera.

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«Basoez hitz egiten dute, baina basoa suntsitzen dute landaketa sartzeko»
