Eduardo Renobales
Investigador sobre ANV
KOLABORAZIOA

A propósito del gudari de ANV Tomás Rubin

Hace unas fechas tuvimos la satisfacción de conocer que una familia había logrado por fin hallar los restos de su allegado tras casi 85 años. Se logró identificar los restos del gudari del Batallón Olabarri, Tomás Rubin, y poder darle el eterno descanso con la dignidad que se merecía.

Hasta ahí todo correcto.

Pero no me cabe la sorpresa de conocer que en primera fila institucional se hallaba la militante del PNV Beatriz Artolazabal, consejera de Igualdad y Justicia. La misma que no hace mucho presentó el “Informe sobre la injusticia padecida por los integrantes de las Fuerzas de Seguridad del Estado 1960-2011”, informe que choca de lleno contra otro del mismo Gobierno vasco que reconoce más de 3.000 denuncias de torturas, entre otras miles que quedan fuera. Contradicciones que parecen no importunar a ese Gobierno en absoluto.

Y, una de dos, esa representante política está muy mal asesorada, o pasa del tema y nos toma por imbéciles a los súbditos que rige, tutela, administra o controla (no gobierna, porque para gobernar hay que tener poder político). Porque vamos a ver, no se puede estar en la procesión y tocando la campana. Hay que elegir.

No voy a elucubrar y me pongo en la posición más favorable para la política. Que no sabe de qué va el tema. Pues se lo voy a explicar.

Tomás Rubin Marin era militante de ANV y ese partido, dos veces ilegalizado nada menos, apoyó al Gobierno legitimo de la República en el golpe de Estado de julio de 1936. En el desventurado día 2 de diciembre, en las boscosas laderas del Albertia, los gudaris y milicianos del Eusko Gudarostea mantuvieron un durísimo enfrentamiento con los golpistas que defendían Legutio durante la ofensiva iniciada tres días antes y que quería llegar a Gasteiz. Los insurrectos estaban integrados por soldados del Ejército regular que apoyaba a los alzados, tropas mercenarias del Protectorado magrebí, requetés, algunos guardias de asalto y..., sí, guardias civiles. Tanto es así que la bala que acabó con la vida de Tomás, 31 años, albañil, padre de tres hijos, honrado trabajador y militante por la libertad de Euskal Herria, bien pudo ser disparada por un guardia civil de los del informe. Con el agravante de que poco después su esposa, Bernardina Sanz Ajuria muere también, dejando a las tres criaturas huérfanas de padre y madre. Por lo tanto vuelvo al refrán de las campanas y la procesión.

Y recordarle a la señora Artolazabal, aunque seguro que no lo sabe, que aún hay unos trescientos cuerpos de gudaris de ANV enterrados de mala manera en fosas comunes en descampados, prados, cunetas, caminos, bosques y laderas, porque estos gudaris lucharon casi siempre en primera línea, sufriendo uno de los porcentajes de bajas frente al enemigo más altos del Eusko Gudarostea junto a los batallones anarquistas. En concreto yacen unos noventa en Areces, en el lugar conocido por el Pradón de los Vascos, por si tiene interés en recuperar más cuerpos de gudaris que dieron su vida por la libertad y por Euskal Herria y que es una vergüenza institucional que nadie se haya preocupado del tema hasta ahora. Pero claro, tiene que decidirse: o campanas o procesión.