Evitar ciertos trampantojos tras el resultado provisional que arroja la primera vuelta electoral
Con los resultados en la mano ya sabemos dos cosas: que el 24 de abril se repetirá el duelo entre Macron y Le Pen y que esa liza será distinta, por contexto y tamaño del desafío, a la vivida en 2017.

La primera vuelta de la elección presidencial ha dejado el resultado esencial de una repetición del duelo ya vivido en 2017 entre Emmanuel Macron y Marine Le Pen con vistas a la manga definitiva del próximo 24 de abril. Los augurios, en los días previos a la votación, de un duelo más cerrado que lo previsto entre esos dos contendientes fallaron. Si cinco años antes Macron se impuso en primera vuelta por 2,71 puntos porcentuales, este 10 de abril se distanció en 4,69 puntos.
En lo que respecta a la abstención, la primera vuelta de las presidenciales ratificó que es un escrutinio que goza de fuerte popularidad entre los electores. El absentismo se dejó sentir en el conjunto del Hexágono, donde alcanzó un 26,31%, pero sin adquirir la dimensión de bajada dramática de participación.
El mutis por el foro en el ciclo 2020-2021 marcado, ciertamente, por el contexto de la pandemia, que castigó a los comicios locales, departamentales y regionales, no se trasladó a la elección presidencial, ello a pesar de que la campaña quedara difuminada, en su arranque, por la quinta ola de la pandemia y en su cierre por la invasión militar rusa de Ucrania.
La primera intervención de Emmanuel Macron tratando de asentar la idea de que «no todo está ganado» merece una consideración. Dobló distancia porcentual con Le Pen respecto a 2017, y las apelaciones a hacer barrera a la ultraderecha que ya tenía en la cartera cuando realizó su alocución nocturna incitaban a un mayor optimismo.
Empezando por el llamamiento a hacer barrera a Le Pen el 24 de abril. El «tercer hombre», Jean-Luc Mélenchon, dejó un mensaje claro: «Ni un solo voto para Marine Le Pen». Hace cinco años, con un 19,58%, Mélenchon sembró dudas sobre el recuento en la noche electoral. En 2022, con un 21,95%, no dio esa batalla. Su discurso de legado –no repetirá como presidenciable– evitó cualquier ambigüedad.
Su «nunca jamás» a meter en la urna la papeleta de la ultraderecha abona un terreno para construir alternativas posibles en el devastado campo de acción electoral de la izquierda y el ecologismo. Hay comicios legislativos en junio y el reto es evidente: poner cierto freno a una segunda ola de macronismo y arbitrar un contrapoder en el Legislativo. La prudencia de Macron, por un lado, y el mensaje compatible de la socialista Anne Hidalgo, del comunista Fabien Roussel, del ecologista Yannick Jadot y hasta del anticapitalista Philippe Poutou al «pueblo de la izquierda» daban cuenta de la gravedad del desafío.
Desde otro campo, no menos devastado que el que ejemplifica Hidalgo, la cabeza de lista de Les Républicains, Valérie Pécresse, hizo voto personal por hacer también de barrera. La moción votada ayer por su partido remacha la idea de «ni un voto para Le Pen».
Bancarrota política para PS y LR y fardón de deuda al no haber logrado superar la barrera del 5% que permite el reemboldo del gasto electoral. Pécresse, y también el ecologista Jadot, hacen ya apelación al crowdfunding.
Digestión bastante más agradable dejó la primera vuelta a la ultraderecha. 32,28% y 11.347.660 votos, de ellos 8.136.369 (23,15%) recogidos por Marine Le Pen pese a tener un rival mediatizado como Éric Zemmour. Esa es la cosecha de 2022 de una extrema derecha que en su primera clasificación para la segunda vuelta, en el año 2002, con Jean-Marie Le Pen como cabeza de cartel, logró 4.804.713 votos (16,86%).
Antes de finiquitar la primera vuelta con un giro de guión a la campaña, con paseos y duelo televisivo, hay que verbalizar la constatación de que en el primer mandato de Macron la ultraderecha ha rebasado con creces la barrera del 30%, lo nunca visto. Convendría evaluar las políticas de estos cinco años para analizar con calma esa explosiva progresión. Sin trampantojos, sin esconder la cabeza bajo el ala, ni a derecha ni a izquierda, y sin ocultar la dimensión del desafío con un marcador de manomanista el 24 de abril.

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