La especulación obliga a Indonesia a cerrar la exportación de aceite de palma
La decisión del Gobierno indonesio de prohibir temporalmente la exportación de aceite de palma –del que es el primer productor mundial– no obedece a razones de salud alimentaria ni a un plan para frenar la deforestación de sus selvas. Esta medida tiene sus raíces en la guerra de Ucrania, que ha provocado una fuerte demanda de las alternativas al aceite de girasol, poniendo en riesgo la autosuficiencia de Indonesia en aceites para cocinar.

«El Gobierno prohibirá la exportación de materias primas para (producir) aceite de cocina y aceite de cocina desde el 28 de abril hasta una fecha que se determinará más adelante», anunció el presidente, Joko Widodo.
Desde noviembre del año pasado, Indonesia, con cerca de 280 millones de habitantes, ha experimentando una escasez de aceite de palma refinado, el aceite de cocina más utilizado en este archipiélago del Sudeste asiático, ya que los productores favorecieron las exportaciones para beneficiarse del aumento de los precios mundiales de este producto básico. «Continuaremos monitoreando y evaluando la aplicación de esta política para asegurar que el aceite de cocina en el país sea abundante y asequible», resaltó el presidente. El Gobierno se ha mostrado preocupado por el aumento de las tensiones sociales ante la subida de los precios de los alimentos y la escasez de este alimento clave.
Yakarta comenzó en enero a limitar las exportaciones con una nueva medida que obliga a los productores a reservar parte de sus ventas para el mercado interno e impone un precio máximo. Widodo también prometió el reparto de primas para que las personas con menos ingresos puedan asegurar el abastecimiento.
Pero el suministro de aceite de palma se ha vuelto cada vez más problemático en mercados tradicionales, tiendas y supermercados. Consecuencia de ello, se han visto largas filas de personas en todo el país frente a los centros de distribución subsidiados.
Por la guerra en Ucrania
Indonesia es el primer productor mundial de esta planta oleaginosa, que se exporta ampliamente para usos que van desde la cosmética hasta productos alimenticios.
Según datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, en 2021 Indonesia produjo unos 44,5 millones de toneladas de aceite de palma. En el ránking le siguieron otros dos estados del Sudeste asiático: Malasia, con 18,7 millones, y Tailandia, con 3,12 millones.
Otros productores importantes son Colombia (1,65 millones de toneladas), Nigeria (1,4 millones), Guatemala (0,88 millones), Hondura (0,60) y Papúa-Nueva Guinea (0,56 millones).
Los precios de los aceites alimentarios alcanzaron máximos históricos en marzo debido a la especulación en torno a la escasez de suministros mundiales tras la invasión rusa de Ucrania, dos de los principales estados productores de aceite de girasol.
Por ejemplo, en el Estado español, donde la grasa vegetal preferida para cocinar en los hogares es el aceite de oliva, el de girasol llegó a ponerse al mismo precio y a agotarse en algunos supermercados.
En este caso, como en buena parte de Europa, el aceite de girasol suele utilizarse en bares y restaurantes para las frituras. El Estado español consume al año unas 300.000 toneladas de aceite de girasol y el 70% de esa cantidad es importado. Y algunos medios han señalado que, del total de la pasta refinada que necesitan las almazaras para fabricar el aceite de girasol, el 70% procede de Ucrania.
En este contexto, cadenas como Eroski y Mercadona limitaron a cinco litros de aceite de girasol la compra diaria por persona en sus supermercados. Pero esto vino motivado más por el ‘efecto sicológico’ creado entre los consumidores –como ocurrió con el papel higiénico al inicio del confinamiento por la pandemia de covid-19– que por una falta de este producto en sus almacenes.
No obstante, al igual que en Indonesia, el movimiento especulativo se ha dejado notar en el Estado español no solo en el precio del aceite de girasol, sino también en otros productos alternativos como el aceite de orujo, que se fabrica con ‘los restos’ del procesamiento del aceite de oliva (agua, piel y hueso de la aceituna) y luego se suele mezclar con una pequeña cantidad de virgen o extra.
Así, si antes de la invasión de Ucrania el orujo se vendía como media a 1,98 euros, de repente pasó a los 2,70.
La UE, gran consumidora
El rechazo al aceite de palma como alimento por el daño que puede producir a la salud humana ha llevado a que muchas marcas que comercializaban este producto en la Unión Europea hayan dejado de usarlo en los últimos años. Es más, ahora es bastante habitual que muchos alimentos envasados lleven la anotación ‘Sin aceite de palma’, como otros llevan, por ejemplo, la de ‘Sin gluten’.
Aunque en África, de donde es originaria la planta Elaeis guineensis, esta grasa extraída de la palma se utilice desde hace miles de años, campañas realizadas en Europa han hecho hincapié en que, una vez procesado y refinado industrialmente, tiene efectos negativos en la salud, al contener ácidos grasos saturados, y que cuando es calentado a altas temperaturas contiene sustancias potencialmente cancerígenas.
No obstante, la Unión Europea seguía ocupando en 2021 el cuarto puesto en el consumo doméstico de aceite de palma, con 6,65 millones de toneladas, solo superado por la propia Indonesia (15,44 millones), India (8,47 millones) y China (7 millones). Estos también son datos publicados por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos.
Del acuerdo del PE de 2017, al polémico boicot a Nutella
Apelando a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU y al Acuerdo de París sobre el Cambio Climático, el 4 de abril de 2017, el Parlamento Europeo aprobó una resolución relativa al «aceite de palma y la deforestación de las selvas tropicales» en la que, entre otros puntos, pedía a la Comisión y a los Estados miembros «que apoyen, en el marco del diálogo con esos países, la necesidad de congelar la superficie dedicada al cultivo de palma de aceite, estableciendo asimismo una moratoria sobre nuevas concesiones a fin de proteger las selvas tropicales».
La resolución vino precedida de intensas campañas sobre la deforestación de las selvas tropicales, a las que se unió la preocupación social sobre los efectos en la salud del aceite de palma refinado. Consecuencia de ello, cadenas como Eroski, Alcampo o DIA ya se habían planteado eliminar el aceite de palma de sus marcas blancas.
Por otro lado, se han desarrollado campañas de boicot contra ciertas multinacionales, como ha ocurrido con la italiana Ferrero, propietaria de Nutella. Incluso la entonces ministra francesa de Ecología, Desarrollo Sostenible y Energía, Ségolène Royal (PS), solicitó en 2015 a la población que dejara de consumir esa crema de cacao y avellana para colaborar en la lucha contra la deforestación. Royal tuvo que rectificar una declaración tan expresa en contra de una compañía tan potente y, sobre todo, una marca tan popular.
Tres años después, Greenpeace también se desmarcó de otra campaña de boicot contra Nutella señalando que este es solo un producto más de la infinidad de los que contienen aceite de palma y que Ferrero estaba haciendo grandes avances. Esta opinión es cuestionada dentro del ecologismo, como se refleja del artículo publicado en GARA, el 28 de abril de 2017, por Karmele Llano –directora de Yayasan IAR (International Animal Rescue) de Indonesia– y Martintxo Mantxo, de Ekologistak Martxan. Advertían sobre «la triquiñuela inventada por los productores de la ‘palma sostenible’, porque no existe tal cosa». También resaltaban que la resolución del Parlamento Europeo había llegado tarde porque los efectos de las políticas mantenidas «son enormes: deforestación, incendios y emisiones de gases de efecto invernadero, eliminación de biodiversidad, etc.». GARA

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