Raimundo Fitero
DE REOJO

La libretita

Nos obligan. ¿Quién puede obviar el lenguaje grosero que retrata la corrupción institucional que el PP ha venido perpetrando? Unas grabaciones de conversaciones entre Cospedal y Villarejo nos vuelven a poner en el mercado asuntos que siempre se supieron, pero que nunca se explicitaron de una manera rotunda. El comisario Villarejo es el mejor guionista de las cloacas que Fernández Díaz, M. Rajoy y toda la estructura de poder de la banda fueron aposentando para cobrar sobresueldos, acudir dopados a las elecciones y alimentar a todos los medios de comunicación para abortar todas las correcciones democráticas que pudieran impedir su perpetuación en el BOE.

«La libretita» es cómo María Dolores de Cospedal se refiere a los papeles de Bárcenas, al que Villarejo llama reiteradamente «El cabrón», asunto que se convierte en esta primera pieza de la serie recién iniciada, en algo fundamental por las advertencias de que hay que hacer algo definitivo para acabar con el extesorero. Y la secretaria general, aquella del despido en diferido, asiente y expresa algo tan obvio como que nadie que recibe un sobre lo reconoce. Confesiones que probablemente si aparecen ahora de la bruma del ayer, estarán fuera del radar de convertirse en acusación, pero que desgasta a la banda que ahora hace ver que dirige Feijóo, amigo de sus amigos con yate y antecedentes.

La libretita es una manera de reducir el daño, porque el problema que tienen los miembros de la banda de antes, de ahora y de mañana, son sus fechorías y las grabaciones de muchas horas de conversaciones donde se visualiza su afán por conspirar en contra de los  preceptos democráticos, que es lo que emparenta esta cabeza con la otra de la extrema derecha española. Pegasus, Villarejo, ¿y cuántas termitas más nos esperan?