Insólito
No hay forma de escapar de la tormenta que precede a la calima y que acaba siempre en una sensación de pesadilla histórica. Repaso la frase anterior y no cabe ni un lugar común más. Es como si la realidad de cintas, escrutinios, partes de guerra, fronteras y mercado de fichajes hicieran un frente amplio para que no viéramos más allá de esas circunstancias anabolizantes de la posibilidad de encontrar en cada tramo de la escaleta de nuestro noticiario personalizado para elegir dónde quedarse un rato para sentirse dentro del rebaño sin rebuznar.
Seis países denuncian que se manipuló su votación en Eurovisión. La denominada Organización hizo expropiaciones de votos de manera selectiva, de tal manera que algunos países aseguran que no participarán nunca más en el espectáculo. Para entender las circunstancias, los ganadores ucranios aseguran que han subastado su micrófono transparente para entregar su dinero al Ejército. O sea, el militarismo llevado al gorgorito final. La solidaridad de los votantes anónimos convertida en material de guerra.
Siguen las cintas de Villarejo, ayer tocó las conversaciones con Esperanza Aguirre y se demuestra que la podredumbre estructural en la banda de Feijóo no tiene límites y sus maniobras mafiosas son de carácter general. ¿Por qué no están en los procesos judiciales en curso y sí en un medio de comunicación y ahora? No hay respuesta razonable, ni para explicar el retorno del Borbón. Lamentable imagen. Una superposición de desatinos.
Lo insólito es que la realidad fermentada nos atropelle sin protección. Por primera vez un jugador de fútbol de la segunda división inglesa sale del armario. En el fútbol femenino de primer nivel internacional esta circunstancia está asimilada, forma parte de lo cotidiano, de lo normal. ¿En qué siglo estamos?

«La maternidad nos da la oportunidad de aprender a mirar a nuestra niña interna»

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