Raimundo Fitero
DE REOJO

Otras guerras

Mil ochocientas personas; mil ochocientos seres humanos mueren al día en una de esas guerras invisibles. El hambre mata, solamente en Kenia, Somalia y Etiopía, a ese número de personas. Cada vez que las televisiones nos muestran esas imágenes de terror en donde se ven a tanques convertidos en chatarra, podemos hacer un cálculo inmediato para intentar relacionar el precio de esa arma de destrucción, con la muerte causada directamente por su uso e indirectamente por su construcción. Estamos ante una escalada armamentística descomunal, fuera de toda lógica, comprendemos mejor que esas otras guerras que matan a tantos millones de seres humanos podrían evitarse si existiera una actitud ética global, si se acabara con los discursos de odio, de regionalizar el poder, de convertir las materias primas en botines de guerra comercial, alimentaria, energética o de imperialismo de bajo perfil.

La OMS ha recalculado las muertes por covid-19 desde sus inicios en el planeta entero. El cuento de las cuentas es que han doblado sus primeras contabilidades y que aseguran que han sido unos quince millones los que directa o indirectamente han fallecido por este virus. Otra organización mundial nos advierte de que la contaminación es la causante directa o indirecta de nueve millones de muertes, solamente en el año 2020. No hace tanto que se habla de la guerra contra la pandemia o contra la contaminación. ¿Guerras olvidadas, o declaraciones folklóricas? Cinismo. El gasto militar está creciendo de una manera inusitada. La excusa parece muy bien servida por un Vladimir Putin que al parecer puede enseñar un triunfo militar en esta guerra de descomposición del orden mundial. ¿Cuántos muertos ha provocado ya esta aventura militar? Todo es relativo.