Koldo LANDALUZE
CRÍTICA «Doctor Strange en el multiverso de la locura»

Espejos rotos

Solo alguien con el talento de Sam Raimi es capaz de orquestar en la pantalla un espectáculo tan inquietante y trágico como esta atípica inmersión en los terrenos de Marvel. Sabido es que no se trata del primer coqueteo que el autor de “Posesión infernal” realiza en el universo de los superhéroes. A la ya consabida trilogía que dedicó a Spider-Man, se sumó la excelente fusión de cómic y pulp que realizó en “Darkman” cuando transformó a Liam Neeson en una especie de fantasma de la ópera en versión científica.

En su acercamiento al doctor Stephen Vincent Strange, Raimi lo emparenta con el  Peyton Westlake de la mencionada “Darkman” cuando le dota de un componente dramático y le coloca ante un espejo en el que Strange se ve incapaz de reconocer su rostro.

La escenografía elegida para la ocasión no es más que ese submundo fantástico en el que todo es posible y que, bajo el prisma del productor Kevin Fage, ha sido dado a conocer como el multiverso: un salón inabarcable de espejos multiformes en el que los reflejos de sus protagonistas viajan a dimensiones interiores que bordean la locura. Junto a la excelente labor que realiza Benedict Cumberbatch, se coloca a la par una Elizabeth Olsen que se revela más sobrecogedora que nunca en su rol de Bruja Escarlata y tan solo recurriendo a algo tan elemental como dejar que desate toda la furia que se le supone a una madre herida en lo más profundo.

“Doctor Strange en el multiverso de la locura” no solo cumple con entretener, sino que lo hace apostando por el riesgo y dejando plena libertad a Raimi para que nos invite a ser partícipes de un carnaval de terror, emotividad y excesos como nunca antes se ha visto en Marvel. Abierta esta senda, solo queda saber si habrá la suficiente valentía por parte de Disney-Marvel de realizar una nueva incursión en un territorio tan fascinante como peligroso.