Josu MONTERO
Crítico literario

Papilla

Basta observar los detalles de los cuadros de los grandes clásicos para darnos cuenta de que ahí está ya potencialmente toda la pintura moderna. Lo afirma Julio Ramón Rybeiro (Lima, 1929-1994) en sus “Prosas apátridas”: «El arte llamado moderno no sería otra cosa que un mirar de más cerca la realidad: simple cuestión de distancia». Lo mismo sucede –añade– con el arte literario; Proust, Joyce, Woolf, Broch, Faulkner, o tantos de esos escritores con fama de difíciles, no hacen sino acercarse tanto a la realidad que los lectores, acostumbrados a la cómoda visión desde arriba, rechazamos.

El escritor y músico Mariano Peyrou (Buenos Aires, 1971) acaba de publicar “Oídos que no ven”: «Estoy convencido de que si se limitaran a escuchar y a abrirse a lo desconocido, muchos oyentes podrían ampliar tanto sus gustos como el registro de sus emociones y su visión del mundo», escribe Peyrou refiriéndose a tanta música que muchos oyentes tachan de intelectual. «Cumple una función muy conservadora: nos impide tener experiencias estéticas nuevas manteniéndonos siempre en un terreno conocido».

Deberíamos despojarnos de esa necesidad de controlarlo todo racionalmente para disfrutar de una lectura o de una escucha o de una contemplación más libre y plena. Lo malo es que ha triunfado esa impuesta comodidad de la cultura papilla de consumo y evasión, que empobrece nuestras vidas y nuestros encefalogramas.