Cursillo
Los currículos de los profesionales de las artes escénicas están repletos de cursos, cursillos, talleres y otras maneras de adquirir conocimientos desde la academia o fuera de ella, tanto para lo obvio y mecánico, como para lo inmaterial. Falta un curso o quizás un máster sobre dos asuntos primordiales. Uno para abolir de manera taxativa esa respuesta primaria al salir de ver una obra ajena y decir esa pertinaz muestra de sentido acrítico que es “me ha gustado”. O en su contrario, “no me ha gustado”, que alguien dedicado a una labor con tantos matices como es la de escribir, producir, dirigir o interpretar una obra de teatro no debería utilizar ni como escapatoria. Por ello insistiré en la necesidad de dar herramientas útiles a todos los profesionales, a los que incorporo distribuidoras, programadoras y hasta periodistas, para que avancen un poco más y argumenten de manera sencilla sobre lo presenciado desde la base formal de que no se puede volver a escribir, ni dirigir ni a interpretar la obra presenciada. Y elevando a la máxima categoría el convencimiento de que nadie se ha equivocado, ni errado, que lo que hacen, lo hacen porque así lo han pensado, ensayado y les ha salido. Es importante incorporar a los estudios la manera de elaborar discursos por si ganas un premio. Y una metodología para memorizarlo. Ver a los ganadores con la lista del súper dando las gracias es deplorable. Cansino. Anuncio aquí mi cursillo.

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