La multitud devora horas de jolgorio dentro de la «muralla festiva»
El Ayuntamiento de Baiona se curó ayer en salud y lanzó la cifra de 300.000 visitantes en las calles de la ciudad en la noche del viernes, la primera en la que era preceptiva la pulsera de 10 euros. El equipo de Jean-René Etchegaray defiende su opción por «responsabilidad» mientras la oposición le acusa de encerrar la fiestas tras las murallas reponiendo, con fin recaudatorio, «los puestos de arbitrios» de la Edad Media.

Habrá que esperar al balance de fiestas para conocer el número exacto de pases vendidos, pero algunas señales lanzadas desde el Ayuntamiento dan a entender que el equipo de Jean-René Etchegaray podrá ofrecer una buena cuenta final con la que poner en sordina las críticas que siguen llegando desde la bancada de la oposición municipal y desde otros agentes activos de la fiesta.
Eso da a entender que el Ayuntamiento se apresurara a aportar una abultada cifra genérica de visitantes en la primera noche en que era de uso preceptivo la pulsera. Según ese cómputo que, sin mayores detalles, incluyó la Prefectura en su habitual balance de incidencias, en la noche del viernes 300.000 personas devoraron las horas nocturnas de las fiestas en Baiona.
Para la institución estatal quedaba dar cuenta de los problemas que exhibió la red de trasportes colectivos, «viarios y ferroviarios», para engullir a una auténtica mara de noctámbulos. Al menos 200 gaupaseros se quedaron en el andén, al saturarse el tren que salía con dirección a Dax a eso de las 4.00 de la mañana. La Prefectura se dirigió a la SNCF para solicitarle que solventara los problemas y asegurara un mejor servicio en la noche del sábado, la gran prueba del termómetro festivo.
Pero, volviendo a los mensajes entre líneas sobre el pase, el concejal responsable de los festejos, el teniente de alcalde Yves Ugalde, dejaba caer en un artículo de opinión publicado en Mediabask que, «a juzgar por el número de pases vendido a igual fecha en relación a ediciones precedentes», la capital labortana y sus fiestas «no han perdido nada de su atractivo». En los bungalows establecidos en distintos puntos de entrada se veían colas para adquirir el pase con el que acceder al perímetro festivo, acordonado, de una parte por las murallas, y por otra por los check-point. Todo recuerda a una aduana o, si se prefiere, a los antiguos «puestos de arbitrios» donde debían pagar los forasteros cuando llegaban a la ciudad en tiempos de la Edad Media. El concejal ecologista, Mixel Esteban, recurría al símil apoyándose en la obra del historiador Manex Goihenetxe y de su precedesor, el medievalista Eugène Goihenetxe, ya desaparecidos.
«Olvidándose de su rol no ya de ciudad sino de capital, Baiona se parapeta tras sus murallas durante las fiestas», sentenciaba el concejal en el citado semanario, para salir luego en defensa de las familias con menos recursos, que «no pueden vivir en Baiona y ya tampoco ir a sus fiestas».
A ese respecto, Ugalde no se privaba de detallar que el perímetro festivo se ha realizado de tal forma que no se incluye en su interior la zona de barracas, «la que atrae a más familias», tras lo que insistía en la gratuidad para los baionarras y, en general, para los menores de 16 años, otras de las reglas que rigen las fiestas de pago, en vigor desde el viernes hasta el domingo.
El Ayuntamiento, por lo demás, se zafa de la «mala imagen» que da ese acceso al recinto de fiestas, entre guardias de seguridad que controlan bolsos y pulseras, con el argumento de la seguridad. Lo que ocurre es que el atentado del 14 de julio de 2016 en Niza, que llevó a blindar Baiona durante sus fiestas, queda ya lejos.
Estas son las fiestas de la inflacción y, cuando el Estado anuncia además que pasará parte de la factura por sus policías al Consistorio, lo que resuena es un tercio de esos 3,2 millones de presupuesto global de las fiestas dedicado a la seguridad. Abriendo otro frente, Esteban terciaba de esta forma: «La verdadera razón de las fiestas de pago: 2/3 para la fiesta (más de 500.000 personas) y 1/3 para las corridas de toros (de 5.000 a 10.000 entradas). Un debate espinoso pero que, conforme se observan huecos en los tendidos, se abre paso con acciones todavía muy minoritarias.
LAS PEÑAS DE IRUÑEA DEVUELVEN LA VISITA
Los lazos que unen a Baiona e Iruñea vienen de lejos y se pondrán de manifiesto nuevamente hoy, ya que el día final de fiestas se consagra a exaltar el hermanamiento entre estas dos capitales vascas.
Las agrupaciones de peñas de ambas ciudades sellaron el pasado 11 de julio en Iruñea un protocolo oficial de colaboración. «Ahora devolvemos la visita para seguir hablando y tratar de llegar a un marco de trabajo concreto, para avanzar en las cuestiones que nos son comunes», explicaba a GARA Iosu Santxez, presidente de la Federación de Peñas de Iruñea.
Desde el local de la peña Biltxoko añadía que «tenemos lazos culturales y valores comunes, porque lo que queremos es transmitir y preservar el carácter popular de nuestras fiestas».
Las fiestas de pago en Baiona y sus puestos de control, «nos llaman la atención, porque algo así se nos hace impensable en Iruñea», comentaba Santxez que, junto a Michaëlla Clapisson, presidenta de las peñas baionarras, marcaba el objetivo de trabajar desde ahora para poner en marcha acciones, en ámbitos como el consumo local o la sostenibilidad, citados en el protocolo, ya con la vista puesta en las fiestas de 2023. M.U.

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