Magnicidio frustrado
La crispación produce monstruos que cuesta controlar y hasta es difícil identificar en una primera aproximación como patógenos sociales. Casi simultáneamente Joe Biden aparece gritando en un mitin advirtiendo de que hay que parar en las urnas a Trump porque está en peligro la democracia estadounidense y sucede esa circunstancia incomparable del intento de magnicidio en Argentina. Lo dicho por el presidente de USA no me parece una exageración, ni una demagogia, es la constatación de que la crispación está siendo activada de manera consciente y programada por intereses perversos, no solamente económicos, sobre todo, porque intentan subvertir todos los conceptos democráticos para caminar entre demagogias, mentiras y demenciales conspiraciones descalificadoras hacia un poder absolutista.
Esta situación de crispación absoluta, de falta de respeto, insultos entre dirigentes políticos, campañas mediáticas delirantes orquestadas desde los más innobles propósitos en Argentina, desgraciadamente, es una constante que lleva demasiados años en funcionamiento. Es un problema que camina en paralelo con la desintegración económica, el deterioro social, pero que ha llevado a una polarización de difícil control. El intento de asesinato a Cristina Fernández de Kirchner, la vicepresidenta argentina actual, por un sujeto al que habrá que seguir su historial, forma parte de esta situación de involución. Una pistola apuntando a la cabeza, a medio metro, un disparo y un fallo mecánico convierten la tragedia en un drama, pero va a tener consecuencias inmediatas impredecibles.

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