Complejos
Hace tiempo que muchas personas que hacen cine, creaciones audiovisuales en euskera, se mueven en circuitos internacionales. Las películas en euskera han sido seleccionadas y han triunfado en festivales internacionales desde que la dictadura acabó y pudimos ir “normalizando” nuestras vidas y trabajos (algunos dirán que antes también).
Ha habido momentos en los que generaciones enteras han emigrado en busca de oportunidades, pero en estos momentos, desde hace por lo menos una década, en Euskal Herria hay un conjunto de profesionales y estructuras (léase, productoras, distribuidoras, festivales FIAPF, escuelas y universidades de cine) que dan como fruto profesionales y películas con la misma calidad (hablamos de cine de producción media) que en cualquier otro lugar de Europa. No hay sequía, lo que falta es una apuesta decidida por reconocer que, entre otras cosas, realizar una película en euskera o producida en Euskal Herria puede ser igual de buena (o igual de mala). Es decir, que el idioma o el lugar de producción no la hace mejor ni peor.
Existen demasiados complejos en Europa en torno a las lenguas minorizadas que cohabitan con las grandes lenguas. Pero, principalmente, existe un complejo de inferioridad en nuestra propia casa que deberíamos superar por ridículo. El resto de los países europeos no tienen dudas a la hora de poner en valor a sus profesionales y a sus creaciones. Más nos vale imitarlos.

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