Esos cuentos
Empieza la temporada, comienzan los cursos en las escuelas superiores de artes escénicas, abren las escuelas privadas que imparten diferentes disciplinas y que abarcan en sus propuestas talleres, ciclos, atención especial para todos los públicos, dando bastante importancia a los cursos para niños y niñas; los estudios de danza no cejan en su empeño de cubrir unas necesidades y expectativas de un ingente número de personas interesadas directa o de manera tangencial en este ejercicio corporal que proporciona equilibrio y flexibilidad.
Hace ya muchas décadas se regló dotándole de enunciado y desarrollando unos principios básicos, la narración oral escénica. En el siglo pasado las escuelas de interpretación se fundamentaban desde la declamación, que es una manera de mecanizar la expresión oral para diferenciarla de la manera de hablar en la calle. Narrar en escena no es contar chistes, se trata de contar quizás un cuento, basado en la tradición o a partir de la imaginación, que contenga diversos personajes que acaban con una metáfora que pueda incluso ser una lección de vida. ¿Se estudia de manera seria y reglada estas formas de teatralidades ancestrales, casi primigenias?
La declamación ha sido sustituida por la nada, por la falta de rigor en la dicción y un aire de naturalismo grosero, que hace que muchas de las obras actuales pierdan todo atisbo de ser literatura dramática, o de idioma propio de escena.

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