Mariburruntzi, el revoloteo acuático de la perseverancia
Hace apenas un mes sus componentes se colgaron la plata por equipos y el bronce en la modalidad de dúo en la categoría máster -de 50 a 64 años- del Europeo de Roma de natación sincronizada, un reconocimiento al esfuerzo que lleva realizando desde hace más de una década Mariburruntzi Sinkro Taldea. Su próxima meta es el Mundial que se disputará en julio en Japón.

«Se puede empezar a practicar deporte en edades adultas», afirma a GARA con rotundidad Garbiñe Rekarte. Sabe de lo que habla. Ella, Rakel Elizalde, Irene Aldabe, Ana Lana, Alicia Otaegui, Laura Garde, Lola Sarriguren y Anita Bonhomme, junto a su entrenadora, Isis Mínguez, se tiraron a la piscina a finales de 2009.
Materialmente. Todas habían competido con diferentes clubes siendo más jóvenes -«en aquella época había una rivalidad sana», matiza Aldabe- y ese «buen rollo y cordialidad que mantuvimos después de dejar de nadar» les volvió a unir en un proyecto que ya ha superado la década y va para largo.
La chispa surgió después de que Rekarte viese a Mínguez impartir unas clases de natación sincronizada en el Centro Recreativo Guelbenzu. Ni corta ni perezosa, le planteó a la entrenadora la posibilidad de dirigir un equipo femenino de categoría máster. Mínguez aceptó el reto a bote pronto.
«Descubrí que, con la modalidad de la natación sincronizada, había toda una infinidad de posibilidades que se podían realizar en el agua, lo que implicaba aprender una serie de técnicas y también constituir un grupo», relata Rekarte. Dicho y hecho, tiró de agenda teléfonica para engatusar con la idea a las antiguas rivales-amigas. Finalmente, en diciembre de 2009 comenzaron un curso con una periodicidad quincenal.
«Era solo una hora, un sábado cada dos semanas, pero ese día era muy esperado y lo dábamos todo. Fueron unos inicios maravillosos, en los que hacíamos cosas sencillas que nunca antes habíamos practicado, aunque también sufríamos mareos y desorientación, porque no estábamos acostumbradas a ciertas posiciones bajo el agua, pasábamos frío al estar estáticas y aprendimos a aguantar la respiración», recuerda Elizalde.
Su primera exhibición
Aquel curso tenía fecha de caducidad, finalizaba en junio. Pero sucedió algo que cambió el rumbo de las cosas y sirvió de trampolín para que el proyecto terminase cuajando. En septiembre se celebraba el Día del Socio en la Sociedad Anaitasuna y, desde su junta directiva, se les propuso realizar una exhibición con público.
Aquello era un salto hacia adelante, que necesitaba de una mayor dedicación para armar un espectáculo de coreografía acuática de un minuto de duración. Y también de un nombre con el que presentar al grupo en sociedad. Ahí surgió Mariburruntzi Sinkro Taldea, «porque el grupo, como tal, había conformado su propia personalidad», argumenta Rekarte, su autora.
La experiencia fue un rotundo éxito. «La respuesta del público fue muy importante, para muchos era la primera vez que veían hacer piruetas sobre el agua a nadadoras que ya no eran unas niñas. La gente supo valorar el esfuerzo que había detrás de los ejercicios porque, quién más quien menos, ha estado en una piscina y sabe lo complicado que es de realizar», explica Lana.
Y llegó el siguiente reto: participar en el campeonato estatal que se iba a celebrar en Castellón en 2012. «Era un objetivo mucho más ambicioso, que requería de una seriedad de entrenamientos y una coreografía con un nivel de exigencia más elevado. Había que avanzar y lo hicimos mucho», rememora Rekarte.
Tras Castellón, Mariburruntzi se planteó cotas más elevadas. Un Europeo estaría bien, se retaron. Eindhoven 2013 les sirivió «para darnos cuenta que tampoco lo hacíamos tan mal», puntualizan. Lograron el cuarto puesto de cinco participantes, «pero parecía que habíamos ganado, nos dio más motivación». Después llegaría Londres 2016, el Mundial de Budapest en 2017 y la reciente cita continental de Roma.
Documental a estrenar
La excepcionalidad de ser el único grupo en el Estado español, pero sobre todo reflejar las vivencias de un grupo de mujeres con muy diferentes inquietudes aunque concurrentes en un mismo proyecto, fue lo que motivó a Iñaki Alforja a realizar un documental sobre Mariburruntzi. Ultimando los flecos finales, está previsto que se estrene en la gran pantalla antes de que finalice el año y que se proyecte en varios certámenes, entre ellos el próximo Festival de Málaga.
Ello les ha posibilitado ganar un premio auspiciado por una multinacional energética, con un importe de 50.000 euros, tras presentar el proyecto "Nunca es tarde". «Una ayuda que ya está menguada -indica Elizalde- porque empleamos parte de ella para viajar a Roma y hemos invertido en un equipo de música subacuático de calidad, además de en otro tipo de material y bañadores».
Y es que hay que seguir haciendo números. La próxima meta del grupo de nadadoras es participar en el Mundial que se disputará en julio en la localidad japonesa de Fukuoka. «Solo el viaje ya nos supone 2.000 euros por persona. Vamos a necesitar apoyo institucional o algún tipo de patrocinador», una búsqueda que parece complicada.
Estas libélulas son el ejemplo de que, con perseverancia, se pueden alcanzar los objetivos que se persiguen, independientemente de la edad y de la dificultad que se afronte.

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