Descifrando lo formal
De manera oficial, en la televisión pública italiana se describe al gobierno encabezado por Meloni como de «centro derecha». Una y otra vez. Un estribillo que destornilla mi estructura básica para situar de forma frontal y lineal a las opciones políticas y se convierte en un amasijo de inveteradas ideas vertidas en el olvido de la obsolescencia. No hay escapatoria. Se trata de un lavado, de un blanqueo del partido de Meloni y de sus compañeros de viaje, me repito y en mi cavidad craneal se hace eco, retumba y mis neuronas espejo se rompen en mil pedazos.
Hasta que un amigo italiano, in situ, amablemente, sin alterar el tono me explica que se trata de algo formal, y que, en una institución política, en un gobierno no puede haber nadie que nominalmente sea de un extremo u otro. Matiza con el regusto de apurar el cáliz hasta el puño y dice que un parlamento no puede haber ninguna opción extrema, que eso es lo que queda fuera, los extraparlamentarios sí pueden decirse que son de extrema derecha o izquierda. Así que, en este corrimiento formal, Berlusconi es la parte del gobierno considerada de centro. Y La Liga y Meloni, son dos opciones de derecha, derecha. Sin más frontera externa.
La finura italiana es incompatible con los abusos de dogma y una vez descrito lo formal, sí se reconoce que es la extrema derecha, pero que se queda para los mítines y los articulistas. Una vez eres la primera ministra, tu acción de gobierno debe ser formalmente democrática y constitucionalista. No sé si entendí bien la lección y si he descifrado algo o me hecho un lío mayor.

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