Raimundo FITERO
DE REOJO

Enmienda a las estaciones

Vamos a recordar con nostalgia submarina algunos dichos del siglo pasado: «Siberia-Gasteiz»; «Euskadi Tropikala»; «aquí solamente hay dos estaciones, invierno y la Renfe». ¿Podríamos poner al día, o radicalizar alguna de estas, o añadir nuevos referentes conversacionales tópicos, o nos vale con mirar al termómetro y lanzar alguna jaculatoria? Estos reportajes cotidianos de ver las playas con afluencia de público en estas fechas sí se pueden considerar como noticiables. Porque no es normal estar a 30ºC en estas fechas cercanas al miedo o truco. De momento no apetecen las castañas como manera de celebrar un cambio de estación. Aunque debemos prestar atención a las noticias que nos llegan de los apicultores que nos anuncian que están produciendo menos de la mitad de kilos de miel.

Las estadísticas nos dicen que llevamos desde principios de junio con temperaturas por encima de la media, con el verano más largo nunca conocido, lo que puede ser la antesala de un otoño desconocido y un invierno que nos deje las orejas como polos de limón. Y es que tendrá que ser la naturaleza en sus manifestaciones extremas la que, al quejarse, nos despierte de nuestra actitud poco clara sobre el calentamiento global. Ya no se trata de teorías, ni conferencias, ni artículos, lo que nos informa es lo que vemos y vivimos, estas temperaturas abolicionistas de las estaciones naturales, el desastre de los comercios de ropa, la inseguridad en todo lo de temporada. Con estos desniveles estacionales se calientan las cocinas demoscópicas y entramos en desconcierto. Hasta Garamendi no sabe si reír o llorar para ser reelegido en la CEOE.