Martillo o pistola
Mientras contenemos la respiración a la espera de lo que los electores brasileños deciden en las urnas, debemos atender a otro tipo de incidentes, accidentes o desastres. Una estampida de personas en Seúl nos proporciona imágenes de una tragedia urbana, con más 150 muertos alineados en la acera, cubiertos con material dorado. Una fiesta, un callejón estrecho, un impulso de salir corriendo, una trampa. La muerte disfrazada. Hablan de quinientos desaparecidos. El mismo día una nueva demostración de lo relativo del interés informativo nos coloca ante los más de cien muertos somalís en Mogadiscio fruto de un atentado. Hay que mirar muy atentamente para ver esta noticia en los medios occidentales. No es necesario hacer demagogia, solamente mirar, pensar y decidir.
Nos cuesta discernir bien las razones, los motivos, las circunstancias para que un trumpista exaltado pueda entrar en el domicilio de Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes de USA y darle martillazos en la cabeza a su esposo. ¿Esa es la seguridad del supuesto imperio? Están en campaña electoral, la crispación es total, los signos de deterioro democrático crecen. Otro sí, en Brasil, en Sao Paulo, una diputada de Bolsonaro con una pistola en mano, persiguiendo por la calle a un hombre afrodescendiente por una inexistente agresión verbal. Son imágenes de una misma estrategia de la tensión, ese debacle democrático global bien auspiciado y patrocinado por los únicos que pueden sacar réditos de ello. No es tan difícil ver quiénes sacan partido de estas barbaridades.

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