Placebo aeroportuario ante la explosión de infecciones en China
Casi un mes después de desterrar la estrategia «covid cero» y a puertas de una reapertura general de las fronteras, la gran oleada de infecciones en China ha puesto en guardia al resto de los países. Ayer la UE recomendó a los países socios que establezcan controles, aunque expertos recuerdan que es difícil impedir la llegada de nuevas variantes en caso de que surjan. Que aún no es el caso.

Hace varias semanas, desde que Beijing, permeable a las críticas sociales crecientes, levantó las estrictas medidas que ha mantenido durante la pandemia, que las infecciones por covid se contabilizan por millones en China. Y dado que ese país tiene previsto abrir sus fronteras el domingo por primera vez desde marzo de 2020 -hasta ahora las restricciones han sido superlativas-, varios países estudian cómo abordar la llegada de viajeros y viajeras del gigante asiático.
También la Unión Europea. Ayer, a convocatoria de la presidencia sueca del Consejo, el mecanismo de Respuesta Política Integrada a las Crisis se reunió para decidir qué medidas adoptar al respecto, en un contexto en el que algunos de sus miembros, como los estados español y francés, ya han decidido exigir un test negativo o la pauta completa de vacunación para permitirles la entrada. «La presidencia está buscando un enfoque común de la Unión para la posible introducción de requisitos de entrada», explicó el ministro sueco de Asuntos Sociales y Salud Pública, Jakob Forssmed.
Ya por la noche, el organismo europeo publicó un escueto comunicado en el que «recomienda encarecidamente a los Estados miembros que introduzcan, para todos los pasajeros procedentes de China el requisito de una prueba negativa realizada no más de 48 horas antes de la salida».
El precedente de ómicron
Sin embargo, son varias las voces que advierten de la nula o escasa utilidad de estas medidas. Por un lado, porque tres años de pandemia han puesto de manifiesto que es imposible ponerle puertas al campo. Así, en declaraciones realizadas a Efe antes de la reunión en Bruselas, tanto el presidente de la Sociedad Española de Inmunología (SEI), Marcos López Hoyos, como su homólogo de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), Óscar Zurriaga, coincidieron en que los controles en el acceso de viajeros tienen una «efectividad relativa» y que el surgimiento de una nueva variante que escape a las vacunas adaptadas, el principal motivo de preocupación, «no se puede predecir, es absolutamente aleatorio».
Zurriaga recordó al respecto que la efectividad limitada de estas medidas ya se vio con la variante ómicron y el cierre de vuelos procedentes de Sudáfrica, «que no impidió que se transmitiera a todo el mundo». Frente a ello, opinó que «la mejor medida» es asegurarse de que la población está correctamente vacunada con las dosis que le corresponden, además de ayudar a las autoridades chinas a controlar la transmisión en aquel país.
Para López Hoyos, las medidas de control de acceso de pasajeros procedentes de China sí pueden ser buenas, pero estima que deberían hacerse de manera «global y coordinada», porque se puede dar la circunstancia de que una persona haya viajado de China a otro continente y luego llegue a Europa. «Para entonces, ya hemos perdido su rastro», admite. Añadió que una cosa que han aprendido en la pandemia es que todas las medidas, control de vuelos y viajes marítimos, se deben tomar de manera global y teniendo en cuenta a los ciudadanos que hayan estado en China «al menos en las últimas dos semanas».
No hay nuevas mutaciones
Por tanto, si de la oleada de contagios de China sale alguna nueva variante va a ser casi imposible atajarla en los aeropuertos. Pero, de momento, tampoco es el caso, ya que no se ha detectado ningún nuevo subtipo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) informó ayer de que responsables de salud del país asiático han presentado finalmente datos sobre casos de covid al grupo de expertos de la organización, particularmente secuenciaciones del genoma, y dijo que por ahora no ha identificado en ellos mutaciones del virus.
«Ninguna nueva variante o mutación significativa ha sido identificada en los datos de secuenciación públicamente disponible», destacó la OMS en un comunicado, tras una reunión del grupo de sus expertos sobre la evolución del covid con representantes del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de China (CDC). En la reunión, celebrada el martes después de numerosas peticiones de la OMS, se presentaron datos sobre más de 2.000 genomas de positivos por covid recogidos y secuenciados en China desde el 1 de diciembre de 2022.
En concreto, el análisis de los CDC mostró un predominio de los linajes de ómicron BA.5.2 y BF.7 entre las infecciones adquiridas localmente. De hecho, estas dos variantes representaron el 97,5% de todas las infecciones locales, según la secuenciación genómica.
Con estos precedentes y datos sobre la mesa, medidas como la exigencia de test o de certificados a los viajeros chinos no parecen atender a criterios de eficacia epidemiológica, sino a la necesidad de poner de relieve que se está actuando en una situación, de momento, de incertidumbre. Sería una especie de placebo destinado a la opinión pública, a la espera de ver cómo evolucionan los acontecimientos.
De momento, China ha expresado su malestar ante unos requisitos, «desproporcionados e inaceptables», dirigidos solamente a sus ciudadanos.
Algunos datos inquietantes detrás del velo
Datos poco fiables, estimaciones fragmentadas y dudas sobre la aparición de nuevas variantes: China se enfrenta en estos momentos a la ola de covid más fuerte del mundo, tras el levantamiento de sus restricciones, lo que genera preocupación en muchos países.
Beijing lo ha admitido: desde que el mes pasado abandonaron los cribados a gran escala mediante pruebas PCR, cuantificar los contagios en su territorio se ha vuelto «imposible». La Comisión Nacional de Salud (CNS), que tiene valor de ministerio, ha dejado de publicar las cifras diarias de casos y muertes. Ahora, el Centro Chino para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) asume esta tarea, pero a partir de la próxima semana solo lo hará una vez al mes.
Las autoridades cambiaron hace poco los criterios para atribuir una muerte por covid. Solo se han reportado 15 muertes en un país de 1.400 millones de personas desde que se levantaron las restricciones el 7 de diciembre. Lo que genera dudas sobre la adecuación de las cifras oficiales para reflejar la realidad, mientras hospitales y crematorios se ven desbordados por la afluencia.
La administración china admitió la semana pasada que se estaban recopilando «muchos menos» datos. Para «llenar los vacíos» en las estadísticas, las autoridades se basan en encuestas en línea, visitas al hospital, solicitudes de medicamentos para la fiebre y llamadas de emergencia, según el funcionario de control de enfermedades Yin Wenwu.
Con todo, el director de Emergencias Sanitarias de la Organización Mundial de la Salud, Michael Ryan, mostró ayer sus dudas acerca de la veracidad de las cifras de contagios y muertes que está notificando China. «Creemos que las cifras que se publican actualmente en China no reflejan el verdadero impacto de la enfermedad en términos de ingresos hospitalarios, en términos de ingresos en la unidad de cuidados intensivos (UCI) y, sobre todo, en términos de muertes», dijo en rueda de prensa desde Ginebra.
Algunas autoridades locales han comenzado a publicar cifras: es el caso de la provincia de Zhejiang (este), que estimó la semana pasada en un millón los casos nuevos cada día. La ciudad de Qingdao (este) ha reportado 500.000 nuevos contagios diarios, la de Dongguan (sur) expone 300.000, y en la isla-provincia de Hainan (sur), las autoridades estimaron el viernes la tasa de contagio en más del 50%, mientras que Quzhou y Zhoushan (este) calcularon que al menos el 30% de su población ya se ha contagiado.
En Shanghai la epidemia «puede haber afectado al 70% de la población, o de 20 a 30 veces más» que en el brote de la pasada primavera, alertó el vicepresidente del Hospital Ruijin. Es difícil conjugar todos estos datos para llegar a una imagen completa. Las cifras filtradas de una reunión de autoridades de salud el mes pasado sugirieron 250 millones de infecciones en los primeros 20 días de diciembre.
Uno de los epidemiólogos más reputados del país, Wu Zunyou, dijo el jueves que el pico había pasado en Beijing, Chengdu (suroeste) y Tianjin (norte) aunque proyecciones no gubernamentales son más pesimistas. Investigadores de la Universidad de Hong Kong predicen que casi un millón de chinos podrían morir por el virus este invierno. La firma británica de análisis médicos Airfinity, estima en 11.000 el número de muertes diarias en China y en 1,8 millones los contagios diarios, y prevé 1,7 millones de muertos para finales de abril.
Más allá de las cifras, enormes, muchos países están preocupados por posibles nuevas variantes procedentes del país asiático. Sin embargo, tal y como dijo ayer la OMS, todavía no se ha detectado ninguna nueva cepa.
En diciembre, China envió muestras a la base de datos global Gisaid, que valoró que «se parecen mucho a las variantes conocidas y que circulan en el mundo». Y el virólogo Jin Don-yan, de la Universidad de Hong Kong, dijo ayer que la posibilidad de que surja una variante más letal sigue siendo «muy baja». Aun así, la expansión sin freno del virus entre una población de 1.400 millones de personas es, inevitablemente, inquietante. GARA

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