Crónica despechada
La canción despecho forma parte de una tradición ancestral, en algunas ocasiones dentro de un epígrafe muy abierto de la canción popular que puede llamarse jota, tango, ranchera o corrido. Lo de Shakira se ha encaramado a la actualidad por el tono empleado, la forma, sus fraseos endiablados y porque es la narración de una ruptura mediática traducida en documento mercantil que, se supone, le ayudará a pagar lo que debe a la hacienda española. Las frases despectivas contra la nueva pareja de Piqué son de manual. No tiene más recorrido que proporcionar un alivio a otras partes de una crónica desbordada que en lo político anda por los hilos incandescentes de la intrascendencia subvencionada.
Colocado el foco en las declaraciones escritas de Harry, ese miembro de la casa real británica auto expulsado por casarse con alguien que no es de sangre azul, ni de piel blanca como la leche, proporcionan material para que se produzcan dos o tres series televisivas más sobre la monarquía inglesa, tan propicia al espectáculo. Y eso que la española no pierde ocasión para emparentarse en dar motivos, para aparecer en los mismos tabloides con ellos. Dicen que el cuarto en la lista de sucesión para ser el rey de España, Felipe Juan Froilán de Todos los Santos de Marichalar y Borbón, Froilán a secas en las discotecas, se ha ido a Abu Dabi con su abuelo, el suegro de Urdangarin, para relajarse de tanto ajetreo festero por el Madrid gobernado por sociópatas de baja calidad moral e intelectual. No se sabe a qué se dedica ni de qué vive este individuo. Bueno, eso sí, de los impuestos que Shakira no paga y nosotros sí.

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