Hermanos Roscubas: la veteranía y la ironía de ser siempre vanguardia
Dicen que cada nueva exposición que presentan Fernando y Vicente Roscubas (nacidos en Palma de Mallorca en 1953, bilbainos desde los 6 años) suele provocar curiosidad, porque sorprenden. Los gemelos más conocidos de nuestro arte contemporáneo han regresado a la galería Lumbreras con “De lo perceptual a lo absoluto”, un viaje de ida y vuelta, con paradas muy meditadas, sobre su trayectoria artística. Y con mucho humor; eso, que no falte.

Un futbolín imposible, con los jugadores chutando al aire, titulada “Jugadores sin fronteras”. Detrás, presidiendo la exposición, un ciempiés negro espectacular de fibra de vidrio y poliester, con cabeza de diablo -a algunas les recuerda al “Mingorri” que sacan a pasear en Lekeitio en Semana Santa- y piernas de cerdo; una imagen que bascula entre el cómic, la mitología y el pop art. Llama la atención la fecha: “Ciempiés, 1977-2007-2023”.
Como todo en esta exposición, titulada “De lo perceptual a lo absoluto” (Galería Lumbreras de Bilbo, hasta 2 de junio), este ciempiés es producto de la visión abierta, nada lineal, que tienen de su obra Vicente y Fernando Roscubas: es un viaje hacia adelante y atrás; o al revés, qué importa. «Esta escultura la llevamos arrastrando tiempo y siempre la hemos tenido en el estudio. Nos dijimos: ahora o nunca», explica Fernando Roscubas. Tres décadas de trabajo revisitadas en obras nuevas, como el fregadero convertido en un “Viaje transoceánico” o las últimas versiones de su investigación con imágenes en dos dimensiones plasmadas en papeles plegados.
Dice Daniel Castillejo, el anterior director de Artium: «Los gemelos Roscubas son una singularidad, una feliz anomalía en nuestro arte. Libres y sin complejos creativos, han cultivado a lo largo de su larga trayectoria un proceso artístico conjunto».
Sí que son singulares. Fernando y Vicente Roscubas comenzaron sus primeros trabajos de pintura y escultura en los años 70. Autodidactas, formaron parte de aquella nueva generación de artistas surgida alrededor de la Facultad de Bellas Artes, unos creadores que, pese a estar muy influenciados por Jorge Oteiza, rompieron patrones y modismos de la escuela vasca, y con los “totems” de la vanguardia vasca. El camino llevó a los Roscubas al pop art, de donde parten la mayor parte de sus trabajos.
En 1975 hicieron su primera exposición individual y desde entonces sus apariciones en público han sido constantes, con muestras en Madrid y Barcelona, también en Nueva York y San Francisco. Interesados por la manualidad artesana y el trabajo del taller, pioneros en el uso artístico de materiales industriales, le han “dado” a todo: pintura, escultura, el arte conceptual, instalaciones… ¿Pero, por qué una obra conjunta? «Empezamos con un proyecto muy ambicioso y necesitábamos cuatro manos. Nos dimos cuenta de que juntos hacemos una obra diferente a la nuestra propia», explica Vicente. Tirarles de la lengua es un disfrute: salen Oteiza, Chillida y hasta Massiel, tres décadas de trayectoria vital de esta sociedad. Vicente: «Todos los sábados íbamos a ver exposiciones. Solía haber veintitantas en Bilbo. Los artistas, la gente joven, estábamos super unidos, y éramos una piña hasta que llegó la feria Arco. Ahí se rompió todo». «Antes, cada vez que inaugurabas una exposición, estaba lleno de gente. Ahora no viene nadie; casi, casi, ni los amigos», añade Fernandos, con retranca. No es cierto, al menos en su caso, porque la inauguración del pasado jueves en Lumbreras -empezaron a exponer aquí hace 25 años- estaba llena. Hay mucho incondicional de los Roscubas.

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