Cuenta tu dilatación
Una de las maneras habituales de convertir las anécdotas en informaciones que rozan lo trascendental es provocar una dilatación en el tiempo o en la densidad. En esa dilatación se escapa siempre la integral veracidad o valor contextual. Los resultados de la banca que se van mostrando para asombro del personal son dilataciones generales siempre en un sentido, hacer mayor la capacidad de absorción de las plusvalías, las comisiones y los dividendos en campos oscuros de la economía globalizada.
Tiene que ser algo magnífico dilatar la percepción sensorial de al menos cuatro sentidos básicos. Poder ver más allá de la exigible en el examen para renovar el carnet de conducir, oler con la precisión de un perfumista, tener ese oído total de algunos músicos o musicólogas. Paremos un poco, que llega la subrealidad política que nos revienta la cadencia poética. La imagen de Margarita, la guerrera, en el palco presidencial del 2 de mayo mientras su compañero de gabinete era excluido, forma parte de la dilatación del campo estricto de ser de derechas pareciéndolo más que los propios derechistas.
Pero hay dos dilataciones que sobrecogen. La de Feijóo, el hombre menguante que se lo pone a güevo a todos, diciendo que el sol de Cádiz le dilata las pupilas, como si se hubiera metido un tirito de ese alcaloide que manejaba su amigo del yate. O la situación que vive un ministro francés que es novelista y tiene problemas políticos porque uno de sus personajes dice que ha tenido una magnífica dilatación anal. Sería pedagógico hacer una exhaustiva lista de dilataciones. Empieza tú.

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