Las pocas palabras
Llevo más de veinte años dando clase a jóvenes en torno a los veinte, y asisto perplejo a la progresiva disminución de su capacidad de concentración y de comprensión. Su capacidad de atención está triturada. Esas opacas corporaciones, los dueños de las pantallas, se forran llevándose a nuestros jóvenes, que saltan alegremente tras ellas al ritmo de su flauta de algoritmos, con la complicidad además de nosotros, sus mayores, y del sistema educativo mismo, que se ha gastado un dineral en llenar las aulas de pantallitas y desalojarlas de libros. Si no tengo palabras para nombrar algo, no existe para mí; y las pocas palabras que poseen son las creadas por el Imperio Digital. El Manifiesto de Liubliana por la lectura atenta ha sido elaborado por un grupo de profesores universitarios europeos: es una llamada desesperada a la necesidad imperiosa de la lectura profunda, atenta y paciente que solo los libros y la literatura pueden aportar; devolvernos la posibilidad de que nos creemos una opinión personal y compleja y crítica frente a los discursos simplistas y viscerales. “Si no hay lectores y escritores jóvenes, dentro de poco no los habrá viejos. La cultura de la palabra escrita habrá muerto, y con ella la democracia”, son las palabras de Margaret Atwood, con las que se cierra este Manifiesto.

El PNV cesa a tres ediles de Getxo imputados por el derribo del palacete

«A esta generación le toca poner las bases del Estado vasco»

«La única certeza es que el realismo de Trump nos lleva a la destrucción»

Cuatro grandes sombras oscurecen aún más la inoculación de vacunas caducadas
