Gracias
Debe ser la nostalgia o que la soledad espanta que uno siempre anda haciendo alegaciones o instruyendo amables coartadas que nos pongan a salvo de la vida y, sobre todo, a resguardo de timbres y relojes, para no repetirnos esas tontas mentiras que contarnos y que, al menos, ayudan a que uno se soporte.
Debe ser la costumbre de parecer el mismo, de no saber rodar a cuatro manos, cuando pararse en dos preguntas sigue siendo un riesgo prescindible por lo que mejor te suicidas a su lado, lentamente, respirando nostalgias y acunando costumbres, como si ya fueras inmune a los abrazos o no fueran contigo.
O tal vez la memoria que sabe lo que guarda e ignora lo que olvida, esas cuantas luces de combustión interna que dan brillo a las almas, y esas otras cruces de inspiración divina que ensombrecen la vida y que aún nos bailan en la sangre. O quizás el silencio, aquellos locos gritos que perseguimos juntos, insoportable estruendo de cacharros que nos ha ensordecido hasta el recuerdo. O podría ser el tiempo, que no acepta prórrogas ni se aviene a consensos y te cobra en ausencias las sonrisas perdidas, pero así el tiempo nuble la memoria y desvanezca tu nombre y mis palabras, por si acaso mañana no nos vemos… gracias.
(Preso politikoak aske)

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