Mediación
Existe una profesión reglamentada que se dedica a la mediación cultural, asunto que puede causar un poco de sorpresa y que he detectado su existencia debido a un error en la contratación de diecinueve mediadoras culturales en el Museo Reina Sofía, a las que han dejado medio año en la calle. Las funciones de estas personas, que en la teoría parecen muy apropiadas, deberían estar cubiertas en otros rangos del sistema educativo y de la gestión cultural. Es un segmento profesional ocupado en su gran mayoría por mujeres y que trabajan especialmente en museos, y lo normal es formar parte de empresas subcontratadas.
Solidaridad con estas trabajadoras, pero me interesa mucho entender su labor cotidiana, ya que se coloca como un eslabón entre lo pedagógico y la guía, aunque leyendo a las asociaciones de mediadoras, reclaman una mayor atención, respeto y clarificación de sus actividades ya que intentan algo esencial: tener una herramienta de transformación social en el desarrollo de una ciudadanía capaz de empoderarse a través de la cultura. Todo cuanto conozco se ha desarrollado de manera habitual en museos y en otras instituciones donde se pueden codificar las actividades de manera objetiva. Quizás fueran necesarias versiones dinámicas para aplicar en otros sectores culturales, como las artes escénicas o la música. Se trata de añadir valor estrictamente cultural a la actual tendencia a medir todo por los resultados económicos.

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